Análisis
La importancia de distinguir a la acuicultura de la pesca
Jueves 18 dUTC junio 2009
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Por ignorancia, en la mayoría de los casos, o por descuido y costumbre, en otros menos, en la mayor parte de las instituciones gubernamentales de Latinoamérica, y una buena parte del resto del mundo, se ha venido considerando a la acuicultura dentro de la pesca como una actividad que pareciera provenir de ella. “En la pesca…” dicen, y creen que están hablando de la acuicultura…”hay un desarrollo importante con la producción en las granjas…” Hágame usted el favor, hablan de la pesca y luego se refieren a la producción en las granjas acuícolas, y esta verborrea incoherente es pasada por alto por los acuicultores presentes, cansados ya de explicar que la pesca nada tiene que ver con la acuicultura.
El problema principal de confundir a la acuicultura con la pesca, radica principalmente en que la pesca está llena de problemas irresolubles que siempre saltan a la mesa y que presionan al funcionario en turno, ya se trate de un simple burócrata de mediano puesto, o así el Jefe, Director, Comisionado o Secretario; siempre el funcionario público personifica un rehén de los pescadores amenazado con intervenir sus oficinas, tomarlo prisionero o hasta pedir su renuncia públicamente, termina éste por acceder a todo tipo de chantajes y lloriqueos con tal de salvar el pellejo.
Entre las dádivas que finalmente otorga el gobierno, ya sea federal, estatal o ambos a los rijosos pescadores, está una buena parte del presupuesto que se destinó a la “Pesca” incluida la acuicultura en la ignorancia supina de los diputados que aprobaron el presupuesto y que creyeron que con esos recursos “etiquetados” para la pesca impulsaban el desarrollo acuícola también. Por eso es importante hacer una distinción de una vez por todas en que la pesca y la acuicultura son actividades económicas totalmente diferentes entre sí, y que no tienen por qué compartir un presupuesto ya de por sí insuficiente en la mayoría de los casos. El empresario pesquero y los pescadores independientes y agrupados en sociedades cooperativas vienen de una economía de lágrimas, en donde por antonomasia todo está mal, y se presume que seguirá igual siempre, “por lo que el Gobierno-Estado deberá darnos subsidios eternamente para mantener a nuestras familias”. La pesca está mal, el diesel está muy caro, los barcos están muy viejos, los precios de los pescados y mariscos están muy bajos, en fin, cuatro o cinco generaciones bajo la misma perspectiva y siguen en el mismo negocio a costa del presupuesto gubernamental.
En cambio el acuicultor, que generalmente viene de actividades agrícolas, industriales o empresariales –sólo algunos provienen de la pesca– que ha tenido que invertir y tomar riesgos en el desarrollo de una actividad nueva, poco entendida por los gobiernos e incluso por la sociedad civil, y que al margen de subsidios ha salido adelante a pesar de las entidades gubernamentales de fomento que en algunas ocasiones dificultan ciertos desarrollos embebidos en trámites y regulaciones burocráticas de poca utilidad práctica, no le conviene de ninguna manera verse inserto en un presupuesto compartido con la “Pesca” para la cual sus problemas financieros y económicos no tienen presupuesto que les alcance.
Es necesario entonces, insistir en la separación conceptual de la pesca y la acuicultura, para pasar posteriormente a una separación presupuestal, que destine recursos de forma separada a la pesca y a la acuicultura, y que permita medir los rendimientos de esos recursos públicos invertidos en cada industria, en términos de generación de empleos, generación de divisas y generación de riqueza, de manera que la sociedad en su conjunto pueda decidir si es preferible invertir el erario público en una industria poco sustentable ambiental y económicamente, a la cual hay que destinar una serie de recursos económicos en aras de mantener la “paz social” en los campos y puertos pesqueros, o si es mejor invertir en una actividad nueva, de jóvenes, con un potencial de desarrollo muy amplio, y sustentable social, ambiental y económicamente.
La lucha de los acuicultores en la próxima década será buscar un presupuesto gubernamental separado de la “Pesca”. Hoy en día los funcionarios encargados de la “Pesca” –y por ende de la acuicultura–, destinan la mayor parte de su tiempo en atender y solucionar los infinitos problemas de la pesca. Para lograr un desarrollo consistente y sostenido la acuicultura también necesita funcionarios de tiempo completo. Por eso es indispensable hacer énfasis en que mientras se mantenga en la ignorancia de funcionarios y servidores públicos a la acuicultura como una actividad dentro de la pesca, su desarrollo se verá mermado por falta de atención y sobre todo por el consumo del presupuesto en subsidios perdidos a la “Pesca”.
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