Panorama Acuicola 

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Las poblaciones costeras empiezan a consumir basa y tilapia como base de su dieta alimenticia de pescados y mariscos; primer síntoma de la declinación de la producción pesquera

Editorial08 de agosto de 2017

Metidos en este círculo vicioso, los estrechos presupuestos que gestionan los gobiernos de los países de América Latina para la pesca y la acuicultura, apenas alcanzan para mantener, mediante un complicado sistema de subsidios, una industria pesquera poco productiva y agonizante en muchos casos, pero exigente y temeraria en su lecho de muerte, acostumbrada a los programas de rescate, capaz de someter cualquier intento de cambio.

Si usted va a cualquier supermercado de alguna ciudad costera en México, por ejemplo, Veracruz, Mazatlán, Campeche, Guasave, Puerto Vallarta, o Cancún, solo por mencionar algunas, y se pasea por los pasillos de pescados y mariscos en los supermercados, va a observar los anaqueles llenos de filetes congelados (o descongelados) de basa de Vietnam y de tilapia de China.  Tal vez podrá encontrar algunos filetes de robalo, o de pargo, o de cualquier otra especie pesquera, pero la realidad es que la abundancia está dominada por los filetes de productos de la acuicultura. Y ni que decir del precio. Los filetes de las especies pesqueras rondan por los MX$ 270.00 (USD$ 15.00) por kilo, mientras que los filetes de basa se venden a un precio de MX$ 67.00 (USD$ 3.76) pesos el kilo, ¡cuatro veces menos! El filete de basa, es prácticamente la proteína animal más barata por kilo de todo el supermercado. Y le siguen los filetes de tilapia de China.

Esto no es más que una consecuencia lógica de las leyes del mercado basadas en la oferta y demanda. Mientras que los países del Sudeste Asiático y China le han apostado a la producción industrial de pescados y mariscos por medio de la acuicultura, incluso haciendo más rigurosas las leyes sobre la pesca, los países de América Latina le han apostado a mantener una base de esfuerzo pesquero sobre el límite de la sostenibilidad ambiental y ahora económica, empecinados a mantener un cómodo clientelismo político que refuerce el sistema de gobierno en turno.

Metidos en este círculo vicioso, los estrechos presupuestos que gestionan los gobiernos de los países de América Latina para la pesca y la acuicultura, apenas alcanzan para mantener, mediante un complicado sistema de subsidios, una industria pesquera poco productiva y agonizante en muchos casos, pero exigente y temeraria en su lecho de muerte, acostumbrada a los programas de rescate, capaz de someter cualquier intento de cambio. Y queda entonces la acuicultura con pequeños resquicios de ese presupuesto que solo alcanza para programas casi de autoconsumo. Mientras esta situación persiste, las ciudades costeras, y cada vez más, los pueblos pesqueros, irán incorporando basa de Vietnam y tilapia de China en su dieta cotidiana. A las leyes de mercado poco les importan las buenas o malas gestiones de de la Administración Pública en turno.



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