Panorama Acuicola 

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La acuicultura en Latinoamérica, un debate entre la acuicultura de pequeña escala y la acuicultura industrial; debe haber políticas públicas para el fomento de las dos.

Editorial01 de diciembre de 2015

Amén de darse una vuelta por mercados, supermercados y restaurantes de cada una de las ciudades más importantes de estos países, para observar que estos productos son los que dominan los anaqueles y menús de supermercados y restaurantes.

La acuicultura en Latinoamérica debe empezar a verse con una perspectiva de eficiencia en los procesos de producción, más que con la imperiosidad de expandir el número de granjas y de productores. Es decir, después de un periodo de crecimiento durante los últimos 10 años, en el que las políticas públicas de casi todos los países de la región se orientaron a establecer granjas acuícolas por medio del extensionismo, muchas veces en áreas rurales y en condiciones de marginación, más con el propósito de generar autoempleo y condiciones de subsistencia, en los próximos 10 o 15 años debemos ver cómo esas políticas públicas, para fomentar la industria acuícola, se orientan al desarrollo de capacidades en las granjas establecidas para crear empresas auto gestionables que se incorporen a la cadena de producción de “commodities” alimenticios con el objetivo de contribuir a la seguridad alimenticia de sus países.Esto, que puede ser muy lógico para muchos lectores, puede no serlo para muchas oficinas y agencias de extensionismo de entidades gubernamentales, acostumbradas a trabajar con productores AREL (Acuicultores de Recursos Limitados) y AMYPE (Acuicultores de Micro y Pequeña Empresa). Sin lugar a dudas, se debe considerar el continuar los programas de apoyo para estas empresas, lo que no hay que dejar de lado es el cómo hacer crecer y consolidar a las que sí se puede, o tienen vocación para escalar.El mundo hoy, en relación a los pescados y mariscos, come “commodities” de la acuicultura: salmón, camarón, tilapia y basa, principalmente. Y para muestra, sólo hay que echarle una ojeada a las importaciones de estos productos en la mayoría de los países latinos y podremos comprender claramente esta tendencia. Amén de darse una vuelta por mercados, supermercados y restaurantes de cada una de las ciudades más importantes de estos países, para observar que estos productos son los que dominan los anaqueles y menús de supermercados y restaurantes.Si no creamos las políticas públicas que puedan hacer crecer y fortalecer a las empresas acuícolas que hoy existen y que tienen potencial y vocación para consolidar ese crecimiento, no vamos a poder hacer frente a los productos importados que, a final de cuentas, generan desarrollo rural en: China, Vietnam, Tailandia e India, pero no en América Latina.La consolidación de estas empresas tiene que ver con la transferencia de inversión económica y conocimiento. Una sin la otra no van a funcionar, ya lo hemos visto. Las agencias de promoción y consolidación del crecimiento de estas empresas acuícolas no pueden ser las mismas que las que promocionan el extensionismo para las AREL y AMYPE. Estas agencias deben estar más cercanas a los programas de los ministerios de economía y de comercio.Se deben buscar, asimismo, los programas que enfaticen la participación de fondos públicos y privados en estas empresas, en donde la transmisión de conocimientos y capacidades de “management”: liderazgo, visión, administración, eficiencia, mercados, mercadotecnia, creación de marcas, publicidad y rentabilidad, entre otros, tengan prioridad.La creación de estas políticas públicas, y los espacios y las entidades apropiadas para operarlas, son el reto que tiene la acuicultura latinoamericana en los próximos años. La resistencia al cambio y al clientelismo político, los escollos más difíciles de sobrepasar.



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