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Editorial de febrero 2015

De no incrementarse la inversión en acuicultura, las importaciones serán predominantes en los mercados latinoamericanos de pescados y mariscos

01 de febrero de 2015

Para alcanzar el consumo anual real recomendado de pescados y mariscos de 10 kg por persona, se requiere tener una disposición per cápita de pescados y mariscos (las capturas y la producción acuícola en peso vivo) de por lo menos 30 kg, considerando una cierta eficiencia en los procesos de conservación, proceso y comercialización.

Para que la acuicultura tenga un crecimiento acorde a las demandas alimenticias de la población en América Latina en las siguientes décadas, se tiene que incrementar el flujo de inversión en esta industria de manera muy significativa.

Para alcanzar el consumo anual real recomendado de pescados y mariscos de 10 kg por persona, se requiere tener una disposición per cápita de pescados y mariscos (las capturas y la producción acuícola en peso vivo) de por lo menos 30 kg, considerando una cierta eficiencia en los procesos de conservación, proceso y comercialización.

Para llegar a estos niveles de producción y consumo, América Latina tendría que incrementar su producción en un 3.75% cada año durante los próximos 35 años. De no darse este crecimiento, la alternativa natural que se dará, y que ya se está presentando, es la importación desde otras partes del mundo que produzcan más de lo que consumen.

Estas importaciones que llenan el vacío que no puede llenar la producción local, están convirtiéndose poco a poco en una “barrera de entrada” infranqueable para los productores acuícolas y pesqueros de la región, cuyo tamaño no les permite tener ni las economías de escala, ni la capacidad tecnológica, ni el volumen suficiente para competir con estas importaciones dentro de sus propios países, convirtiéndose esta situación en un círculo vicioso letal para estos productores.

Así, estos países latinoamericanos se enfrentan a una disyuntiva entre la promoción al consumo de pescados y mariscos para mejorar la dieta y la salud de sus habitantes, y la promoción y fomento a la producción acuícola y pesquera para mejorar las condiciones de vida de los pobladores de sus zonas rurales. Y están consternados porque la promoción de la primera beneficia a las importaciones, que al mismo tiempo frenan la capacidad de competencia de sus productores locales y, por ende, su crecimiento.

En realidad, lo que debe hacerse es promover e invertir en el canal de proceso, comercialización y distribución de pescados y mariscos (poco atendido por los promotores gubernamentales de la pesca y acuicultura, por cierto). Aquí es donde está el dinero local que puede detonar la producción a niveles competitivos con las importaciones y romper el círculo vicioso del que estábamos hablando.

Se requiere desarrollar un plan que contemple la inversión de los principales mayoristas de la cadena de pescados y mariscos en la producción acuícola local, de manera que se puedan ir sustituyendo las importaciones de productos que se pueden producir local y factiblemente a gran escala, de manera gradual, con un firme compromiso del Estado en apoyar financiera y tecnológicamente estas inversiones. Sólo así se puede promover el consumo de pescados y mariscos por un lado, y la producción local por el otro; de esta manera ambos están entrelazados y el crecimiento de uno promueve el del otro.

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