Panorama Acuicola 

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Editorial de agosto 2013

La producción acuícola en el mundo sobrepasó a la producción de carne de res en 2012

01 de agosto de 2013

El crecimiento de la acuicultura en Latinoamérica no podrá depender de la inversión insuficiente, lenta y burocrática del Estado; la necesidad de alimentos en los mercados no puede esperar una inversión que nunca llegará.

Partiendo desde la perspectiva de que se requieren 7 kg de granos o más para producir un kg de carne de res y sólo 1.4 kg de granos para producir 1 kg de carne de pescado, estas estadísticas no deberían sorprendernos mucho; pero lo hacen, pues las inversiones de fondos públicos en investigación y soporte a la producción en la mayoría de los países latinoamericanos (y en el mundo) hacia la acuicultura, comparada con la producción de carne de res, es significativamente limitada.

Es increíble lo lento que ha permeado el concepto de producción acuícola en las políticas públicas de la mayoría de los países latinoamericanos que tienen un potencial importante para el desarrollo de cultivos acuícolas. Entienden someramente que puede ser un sector importante de la producción de alimentos, pero no atinan al desarrollo de un plan estratégico para realizar las gestiones necesarias que permitan a estos países incentivar su producción acuícola.

La situación es más compleja cuando nos damos cuenta de que ya no se trata de establecer programas que repartan dinero entre productores incipientes o campesinos interesados en establecer una granja acuícola, sino de gestionar un portafolio de negocios para invitar a grandes consorcios del ramo de los alimentos a invertir en el desarrollo de plantas industriales de producción acuícola. Los gobiernos no han entendido que la acuicultura es una industria de millones de toneladas, no de miles, que se requieren fuertes inversiones para llegar a esos niveles de producción, y que hay enormes expectativas de crecimiento en esta industria que, con un adecuado planteamiento, atraerían a grandes capitales, sobre todo de la industria de los alimentos pecuarios, donde el crecimiento y los márgenes de utilidad parecen haber llegado a un estancamiento en el nivel de rentabilidad.

Este trabajo de gestión es el que se requiere para detonar la industria acuícola de estos países pero, acostumbrados a tener funcionarios con un cierto perfil para repartir pequeñas cantidades de dinero en programas rurales de promoción del empleo o de gestión de micro PyMes rurales, no hay cómo realizar una gestión profesional en la atracción de capitales para el desarrollo de una producción acuícola industrial. Es aquí donde está el cuello de botella.

El crecimiento de la acuicultura en Latinoamérica no podrá depender de la inversión insuficiente, lenta y burocrática del Estado; la necesidad de alimentos en los mercados no puede esperar una inversión que nunca llegará. La gestión del Estado debe ir orientada a la atracción de los grandes capitales requeridos para detonar esta industria, y que están ahí, esperando mejores oportunidades de inversión, a facilitar la entrada de estos capitales en la industria, con permisos, licencias, etc., a propiciar un marco legal adecuado para el establecimiento de estas empresas y su operación en el tiempo y al apoyo del desarrollo tecnológico que acompañe con soporte y certidumbre su crecimiento y consolidación.

El reto para estos gobiernos es profesionalizar sus cuadros operativos para tener la capacidad de gestionar la inversión privada nacional y extranjera en la producción acuícola, y hacer una mezcla de recursos privados y públicos para detonar la inversión en este prometedor sector. 

 

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