Panorama Acuicola 

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Editorial de enero 2010

El futuro crecimiento de la maricultura en EE.UU. está amenazado por una serie de conflictos de intereses en los que sobresalen los aspectos de índole ambiental.

22 de enero de 2010

La mejor manera de asegurarle a la sociedad norteamericana que los pescados y mariscos que consumen hoy en día cumplen con normas medioambientales estrictas, es dejar crecer la maricultura en casa. Los propios acuicultores obligados a cumplir estrictos protocolos, serán los principales guardianes de que los productos importados también lo hagan. Hoy, a nadie le importa.
 
Desde hace ya más de una década sabemos que los problemas ambientales ocasionados en algún lugar remoto del lugar donde habitamos tarde o temprano nos van a afectar. Ya no es posible suponer que la tala de árboles en los bosques de África o de Sudamérica no van a afectar el clima y a la población de todo el mundo; o que las mismas emisiones de dióxido de carbono de un país sólo afectarán en su propia población. El mundo se ha empequeñecido en el proceso de concientización de la mayoría de la población y la sociedad moderna acepta ahora que los efectos derivados de las acciones ejercidas sobre el medio ambiente son ahora un problema comunitario de la población mundial, sin importar el lugar en donde se lleven a cabo.
 
Siguiendo una política del “avestruz”, la sociedad norteamericana a través de sus legisladores cuestiona la conveniencia de desarrollar un plan detonador para establecer granjas acuícolas en sus costas, argumentando principalmente cuestiones de índole ambiental relacionadas a las operaciones de los propios cultivos; uso desmedido de alimentos, incorporación de antibióticos en las dietas, escapes al medio ambiente, “transfaunación” de especies para cultivo, y la contaminación de desperdicios derivados de las actividades acuícolas. Sin embargo, no considera que la mayoría de los pescados y mariscos que importa, que se distribuyen, que se venden y que se consumen dentro de su país, provienen de cultivos acuícolas alrededor del mundo, en donde en muchos casos, las preocupaciones ambientales no son consideradas una prioridad.
 
El punto medio para encontrar la ecuanimidad de esta controversia, radicaría por un lado, en abrirse a la posibilidad de establecer cultivos acuícolas “piloto” en las costas norteamericanas bajo un estricto programa de certificación de buenas prácticas de producción que aseguren el mínimo impacto al medioambiente y las estrategias necesarias para mitigar aquellos que sean imposibles de evitar. Y por el otro lado, revisar los estándares de certificación de los productos que se importan, de manera que éstos cumplan con las mismas políticas que se le van a exigir a los futuros acuiculturoes estadounidenses.
 
Así se podría ir avanzando en un plan de expansión de la maricultura norteamericana, que generaría cientos de puestos de trabajo, impulsaría el desarrollo de tecnología, y produciría miles de toneladas de pescados y mariscos que reducirían el déficit comercial que tiene este país en este rubro. Y al mismo tiempo, se le aseguraría a la sociedad que los pescados y mariscos que consume día a día provienen de cultivos que cumplen con un riguroso protocolo de normas para minimizar su impacto ambiental y su condición de inocuidad para su consumo, sin importar de donde vengan, si son producidos en casa o si se importan.
 
ENGLISH VERSION
 
The Future Growth of US Offshore Aquaculture is Being Threatened by a Series of Conflicts of Interest in Which Environment-related Aspects Take a Front Seat.
 
The best way to ensure the North American society that the fish and seafood currently being consumed comply with strict environmental regulations, is to allow offshore aquaculture to thrive at home. The very same fish farmers compelled to follow strict protocols will also be the ones keeping an eye on imported products also following those protocols. Currently, nobody cares.
 
For over a decade, we have known that the environmental problems occurring in some remote place, far away from where we live, will affect us sooner or later. It is not possible to assume that the felling of trees in African or South American forests is not going to take its toll on the world’s climate and population; or that a country’s own carbon dioxide emissions will affect only that place. The world has grown smaller in the world population’s awareness process, and modern society now acknowledges that the effects stemming from the actions exerted on the environment are now a common- ground problem for the wholeof the world population, regardless of where they’re taking place.
 
Following an “ostrich” policy, the American society has, through its legislators, questioned the convenience of developing a detonator plan to establish offshore fish farms along their coasts, propounding environmental issues related to the operation of the farms themselves: inordinate use of foodstuff, incorporation of antibiotics in the diets, escapes to the surrounding environment, transfaunation of culture species, and the contamination with waste derived from aquaculture activities. Nevertheless, they do not take into account that the majority of the imported seafood that is distributed, sold and consumed within the country comes from fish farms around the world, where, in most cases, environmental concerns are not a priority.
 
The midpoint to find equanimity in this controversy would lie, on one hand, in opening up to the possibility of establishing “pilot” offshore fish farms along the American coasts, under a strict good-practices certification program for production which ensures minimum impact on the environment and with the necessary strategies to mitigate what is impossible to avoid. And on the other hand, revise the certification standards of the imported products, so that they comply with the same policies demanded of future American fish farmers.
 
Thus, we can progress in an expansion plan for American offshore aquaculture, which would generate hundreds of jobs, promote technology development, and produce thousands of tons of seafood, which would reduce the commercial deficit this country has in this sector. At the same time, it will ensure the consumers that the seafood consumed every day come from fish farms that meet rigorous regulations protocol to minimize the environmental impact and increase the condition of harmless consumption, regardless of where they come from, whether local or imported.
 
 
 
 
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