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Editorial de octubre 2008

Los alcances de la crisis financiera mundial

18 de octubre de 2008

Hace apenas un mes las cosas parecían estar en orden. Los mercados financieros y la economía mundial, más allá de que algunos días amanecían “de malas” con algunos bajones, se mantenían estables y parecía que los mercados llevaban un rumbo normal. Todos suponíamos que la crisis inmobiliaria en los EE.UU. no iba a pasar más allá de las elecciones en ese país, para que después de saberse el ganador y su plan de acción, todo regresara a la estabilidad a la que estábamos acostumbrados.
 
De pronto se presenta la quiebra de las gigantescas empresas hipotecarias de los Estados Unidos y con ello se desata una hecatombe financiera que lleva más de 1,800 millones de dólares tan sólo en pérdidas de valor de las acciones de los bancos más prestigiados de ese país, sin contar con las pérdidas reales en deuda incobrable que el gobierno tendrá que afrontar más adelante.
 
Los reportes más escandalosos indican que 1,500 personas entregan su casa diariamente, y que hay más de 5 millones de propiedades a la venta en el mercado inmobiliario estadounidense al día de hoy. Más de dos millones de estadounidenses han perdido su casa y hay más de 500 mil millones de dólares acumulados en cartera vencida.
 
Una vez que los primeros bancos en EE.UU. han caído, o que controversialmente han tenido que ser “rescatados”, comienza la crisis del mercado monetario. Los bancos que sobrevivan, saben que toda la economía está en problemas, y por lo tanto, crecerán las restricciones de crédito y el préstamo interbancario, elevando la tasa de interés sobre todo para los préstamos a corto plazo.
 
Para cubrir las deudas, las empresas financieras sobrevivientes y los bancos comenzarán a vender títulos de metales o de bonos del petróleo y provocarán la caída del precio de éstos en los mercados internacionales.
 
Los bancos podrían entrar en problemas para mantener créditos multimillonarios ya concedidos, y esto ocasionaría que las operaciones de los mercados de valores se hagan más lentas y que el mercado de nuevas emisiones se desplome, disminuyendo las posibilidades de encontrar acciones a la alza.
 
El riesgo mayor es que este desbalance en las bolsas mundiales termine por arrastrar al dólar en una crisis sin precedente y provoque por consecuencia una crisis en el comercio mundial. En este escenario, las economías de los países mayoritariamente exportadores hacia los EE.UU., serán las que saldrán más afectadas.
 
Todo parece indicar que las consecuencias de esta crisis están aún por verse, y que ciertamente nadie tiene una idea clara del rumbo que tomará. Sin embargo, lo mejor que podemos hacer es no  dejarnos llevar por el pesimismo y mantener la expectativa de que cada día será mejor. Crear un entorno de temores e inseguridad lo único que provocará será retardar la restauración de la confianza en los mercados, lo cual nos llevará a un círculo vicioso sin salida.
 
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