Panorama Acuicola 

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Editorial de junio 2008

Subsidios a la acuicultura

06 de junio de 2008

No sé por qué a los estadistas y encargados de la cartera gubernamental de la acuicultura en diversos países, les cuesta tanto trabajo entender y hacer valer que esta industria, lejos de ser un pasatiempo, es capaz de desarrollar verdaderos polos económico-industriales, que generen esos empleos rurales que tanto andan buscando, las divisas que necesitan y la riqueza que profesan en sus discursos y conferencias.
 
Difícilmente encontrarán otra actividad económica que con tan poca inversión, genere tantos beneficios económicos y sociales a la población. La acuicultura apenas empieza con un pequeño empujón y fácilmente se duplica la producción de cualquier especie.
 
Hasta podrían deslumbrar a políticos y líderes económicos y sociales cuando en su presentación digan que duplicaron la producción de esta u otra especie en muy poco tiempo.
 
Las perspectivas políticas de la acuicultura, infinitas para desarrollar capital político, tampoco han sido del todo bien descubiertas.
 
Es necesario comprender bien los alcances socioeconómicos que puede generar el desarrollo acuícola, sobre todo en los países con climas templados y tropicales, para poder llevar este planteamiento al seno de la distribución de presupuestos en las cámaras legislativas de cada país. Con un puñado de estadísticas a la mano y un discurso entendido y comprometido, es fácil convencer a cualquiera de los beneficios que el Estado podrá obtener del reparto presupuestario en esta industria; sobre todo si se compara con los escandalosos subsidios que se reparten cada año en programas agrícolas y ganaderos, que en 20 o 40 años no han podido terminar por desarrollar al campo.
 
Si se hiciera un estudio de la rentabilidad de la inversión que producen por unidad de producción los subsidios agrícolas y ganaderos, comparado con los pocos y fragmentados subsidios que se le destinan a la acuicultura, seguramente será más rentable para la sociedad invertir en desarrollar una industria nueva, con muchos menos paradigmas, vicios y corrupción, que invertir en los viejos esquemas agrícolas y ganaderos que sólo han producido una economía de dependencia en la mayoría de los casos.
 
Los ministerios y dependencias que tienen la cartera de la acuicultura a su mando, tienen un gran potencial en sus manos, que en la mayoría de las veces es desperdiciado por desconocimiento y desinterés.
 
Ante la falta de una industria acuícola consolidada y la falta de experiencia de sus líderes y representantes, es imprescindible que los puestos claves de toma de decisiones en un gabinete gubernamental sean ocupados por políticos y estadistas experimentados que estén a la altura de las responsabilidades del puesto. También es recomendable que estos expertos ejecutivos gubernamentales escuchen con más frecuencia las necesidades de la industria y busquen la asesoría de profesionales reconocidos por el sector, de manera que puedan conjuntamente explota todas las oportunidades, políticas y socio-económicas que esta nueva industria les ofrece.
 
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