Panorama Acuicola 

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Editorial de septiembre 2004

Editorial

01 de septiembre de 2004

El ajuste a la baja en los precios internacionales de las diferentes especies acuícolas que han sido exitosas en su explotación, al grado de ponerlas en peligro de sobre vivencia económica, como en los casos del camarón en Centro y Sudamérica, salmón en Noruega, dorada y lubina en España, Òcat fishÓ (bagre) en EE.UU.Ð es una situación repetible e inevitable.

El ajuste a la baja en los precios internacionales de las diferentes especies acuícolas  que han sido exitosas en su explotación, al grado de ponerlas en peligro de sobre vivencia económica, como en los casos del camarón en Centro y Sudamérica, salmón en Noruega, dorada y lubina en España, Òcat fishÓ (bagre) en EE.UU.Ð es una situación repetible e inevitable.

 

Cuando una actividad económica aparece en escena, en términos de la acuicultura, nos referiremos a un cultivo nuevo de una especie que tiene posibilidades en el mercado, cuyas expectativas de tener éxito económico son muy grandes en el corto palzo. Cualquiera con una inversión menor puede ponerse a producir. Pero cuando la actividad se convierte en una industria, sólo las grandes empresas, que han logrado economías de escala, pueden mantener niveles aceptables de ingresos para mantenerse en el negocio. Las empresas de menor tamaño, o tienen que atacar nichos de mercado demasiado especializados para las empresas grandes, o mantienen ingresos en niveles de sobre vivencia, hasta ser absorbidas o cerrar.

 

Sin embargo, estas empresas pequeñas y medianas, son las que mayor oportunidad tienen de diversificar su actividad acuícola en comparación de las grandes empresas. Por lo general la diversificación hacia una especie nueva en la zona, o nueva en su tecnología de cultivo, va a requerir de una atención personalizada por parte de sus directivos y empleados, que les permita tomar decisiones a tiempo. La acuicultura es una industria de vocación, no se puede manejar como una ensambladora de autopartes o una tienda de autoservicio, y tomar decisiones hasta que se celebre la junta de consejo.

 

Por esta razón, las pequeñas y medianas empresas acuícolas tienen una buena oportunidad en la bœsqueda constante de nuevas oportunidades de cultivo, que les mantengan abiertos los horizontes de crecimiento.

 

Estas pequeñas empresas, familiares en su mayoría, tienen la ventaja de conocer todos los rincones de sus centros de cultivo. Saben de qué calidad es el agua que utilizan, la composición del terreno donde está la granja, las estaciones climáticas, cuándo va a llover, qué hacer cuando está nublado; es decir, saben qué pueden cultivar y qué no pueden cultivar, cómo y cuándo.

 

A diferencia de las grandes empresas, cuyos funcionarios en algunos casos, no tienen una idea clara de qué tipo de diversificación podrían realizar en sus centros de producción, y este tipo de decisiones se relega a un grupo de asesores, que si acaso obtendrán una respuesta después de meses y meses de gestiones y antesalas con los directivos del corporativo.

 

El œnico camino que le queda a estas pequeñas y medianas empresas acuícolas es el de la diversificación.  Diversificación hacia especies que puedan hacer sinergia con la especie que cultivan en la actualidad, pero que les abran otra oportunidad de ingresos en otro mercado. No es fácil, pero no hay alternativa. Y habrá que tomar ventaja cuanto antes, porque después vendrán las grandes empresas a convertirlo en una industria de grandes volúmenes y bajos precios, en donde por su naturaleza las ÒpymesÓ acuícolas no tienen posibilidades.

 

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