Panorama Acuicola 

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La acuicultura y la pesca en la agenda de la próxima administración pública en México.

Maremoto12 de septiembre de 2012

¿Seguirá siendo un sector marginado? ¿Habrá la voluntad política para convertirlo en instrumento clave para el desarrollo del país, con roles preponderantes para la seguridad alimentaria, combate a la pobreza y subnutrición?

Por: Jorge González de la Rocha*

En 1976-1982, el gobierno impulsó un decidido programa para desarrollar la pesca y la acuicultura en el país. Fue un proceso que sacó a México de la mediocridad para posicionarlo entre los 15 primeros países pesqueros del mundo. Ese sexenio tan controvertido y cuestionado debería, con respecto a la pesca y la acuicultura, ser recordado como el del milagro pesquero mexicano.

La receta fue simple: el principal ingrediente fue la voluntad política (desde el más alto nivel jerárquico del país se creyó y apostó por la pesca); el siguiente fue el recurso humano, un equipo talentoso de especialistas en planificación y políticas de desarrollo, complementado por jóvenes valores formados para la pesca, todos encabezados por un sobresaliente técnico-político, apoyado directamente por el Ejecutivo, que trazó el rumbo y condujo la nave con mano firme; otro ingrediente: el Programa de Desarrollo Integral del sector (primero para el país) que estructuró, organizó y mejoró lo existente y abrió espacios para intensificar actividades tímidamente realizadas (pesca de atún) o nuevas pesquerías (pesca de mar abierto por arrastre por popa, media agua, palangres en diversas modalidades) 

¿Cómo se hizo? Aglutinando en una sola entidad todo lo que estaba disperso en instituciones que incidían en la pesca, mediante una estructura específica y moderna con soporte jurídico; una entidad financiera para el sector (BANPESCA); infraestructura y modernización de la planta productiva; y comercialización. 

Se inició con un Departamento Autónomo para la Pesca dependiente del Ejecutivo, que culminó con la creación de una Secretaría de Estado para la Pesca (SEPESCA)¿Qué se logró? Dar el gran salto, al pasar de una producción de 250,000 t por año a 1.5 millones de t; el consumo se incrementó de 3 a 10.4 kg per cápita; se crearon 80,000 empleos permanentes y 40,000 temporales; se duplicaron y diversificaron las exportaciones. La acuicultura recibió decididos apoyos para su desarrollo. El país fue visto con respeto y reconocimiento por la comunidad internacional.¿Qué está sucediendo ahora? La institucionalidad, gobernanza y estructura están degradadas. De Secretaría de Estado (con un desastroso periodo como subsecretaría en la SEMARNAP y otro no menos calamitoso en la SAGARPA), ha pasado a una simple Comisión que se pierde y hace cola dentro de la estructura de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentos (SAGARPA), con quehacer partidista más que de normativa pesquera. Consecuentemente, la pesca y la acuicultura enfrentan problemas de sobreexplotación e importantes recursos degradados por una parte, y de miopía estratégica, falta de apoyo y pérdida de oportunidades por la otra. La falta de capacidad de gestión y la pérdida del control han ocasionado que la explotación de los principales recursos, antes realizados con alto sentido social, sean acaparados y presenten conflictos entre los actores. Las dificultades y descontrol en la explotación requieren la aplicación -sin dilación-, de serias medidas de orden que lleven al sostenimiento.

La acuicultura, que no ha contado con programas de apoyo institucional y sólo ha recibido subsidios, ha emergido como un importante instrumento socioeconómico proveedor de alimentos de alta calidad, empleos, catalizador del desarrollo rural, herramienta de justicia social, captadora de divisas e importante derrama económica, basada principalmente en la participación del sector empresarial. La industria camaronera ha mantenido los niveles de producción y presencia en los mercados por la acuicultura, compensando las bajas capturas; la industria atunera, si bien acaparada, es una de las más importantes del mundo; la industria sardinera a seguido presente en forma relevante como una muestra de sustentabilidad y manejo ordenado del recurso (sostenido por los propios industriales), contribuyendo con alimento nutritivo para consumo humano directo y como importante contribuyente de alimento para consumo humano indirecto vía la acuicultura. Este es el panorama que enfrenta la administración por llegar; preocupa que hasta ahora, se siga pasando por alto el potencial natural y humano del sector, para sólo ocuparse de lo político y lo empresarial. En lo primero se ha optado por la operación política pura en manos de personas partidistas de recurrente actuar político, sin importar la trayectoria y el sentir ciudadano de su desempeño, ni su falta de vínculo con y para el sector. Se ha privilegiado el capital y bagaje político sin importar la calidad de los resultados, lo que despierta suspicacias en la población ante lo que podrá venir una vez en plena actuación y asentadas las aguas. En tanto, el empresariado, que se motiva e interesa en hacerse presente, está aprovechando la oportunidad para buscar cómo pueden retomarse viejos contactos y alianzas que fueron productivas y efectivas en el pasado y que resurgen con renovado interés ante las perspectivas del retorno del partido más longevo. 

Es también una oportunidad para poner al día asuntos y facturas que hayan quedado pendientes. Su lógica es como siempre, simple y directa: más vale malo por conocido... 

Con el afán de salvaguardar sus intereses, no escatima en apoyos para impulsar a sus aliados. Si el presidente electo quiere realmente cambiar las cosas para bien y le interesa el sector como un instrumento de desarrollo sustentable, encontrará un amplio panorama para hacerlo. No tiene que inventar el agua salada, la receta ya funcionó, habría que actualizarla y afinarla. Felizmente, se cuenta con las condiciones tanto naturales como humanas y dado el abandono que ha habido, es ahora un terreno fértil que si sabe abonarse, sobre todo en la acuicultura, responderá a muy corto plazo, lo que puede volver a darle un giro importante a la actividad y convertirla en un ente muy productivo que aporte a la seguridad alimentaria, la creación de empleos, la mejora nutricional de la población y sus medios de vida e incremente la captación de divisas. Será una inversión que rinda frutos rápido, tanto en lo socioeconómico como en lo político, pues la producción de alimentos de alto valor nutricional, acompañada de empleos, creación de bienestar y mejoras de los medios de vida, es algo que la sociedad espera y verá con buenos ojos. El cuidado a tener será en saber recurrir a la ciencia y a aquellas tecnologías amigables con el ambiente para que los programas de desarrollo sean inobjetables y libres de censura ambiental. En cuanto a la pesca, las acciones tendrán que ser diferentes, pues la problemática es otra; ahí la ciencia y la tecnología, junto con el control, monitoreo y vigilancia, deberán jugar un rol esencial para conseguir el ordenamiento adecuado de la actividad y el uso responsable de los recursos que conduzcan a la sustentabilidad de su desarrollo. Habrá que regular, ordenar y priorizar la explotación y a continuación supervisar el cumplimiento de las medidas impuestas.

El acaparamiento y la monopolización serán algunos de los problemas a ser abordados, especialmente por ser producto de comportamientos permisivos y privilegios disfrazados que la sociedad actual quiere erradicar. El mandatario tendrá que ser muy cuidadoso en la selección del equipo humano que lo acompañará y ayudará en este sector, pues de ello dependerá la credibilidad de su gestión. La sociedad no quiere más improvisaciones y que el sector sea usado para compensar fracasos electorales o premios partidistas a elementos sin conocimiento y experiencia en la actividad. Al mismo tiempo rehúsa el reciclaje de elementos faltos de transparencia y con esqueletos en sus armarios que han dañado la imagen institucional y cuestionan el buen desempeño de ese sector. Quieren nuevas y mejores propuestas en las que imperen la seriedad, la honradez y la limpieza. Como dicen los medios, el país ya está maduro democráticamente y está apoyando propuestas y programas de los candidatos que cuenten con sus simpatías, pero no está dando cheques en blanco ni permitirá que le jueguen el dedo en la boca o pongan en riesgo los logros democráticos adquiridos. Esto suena muy convincente e interesante, aunque hay ejemplos que no se apegan a esta percepción, como en el noroeste, donde surgió un candidato a dirigir el gobierno que emergió de movimientos políticos amorfos, producto de la renuncia a su partido de origen para contender y vencer apoyado por extraña coalición de partidos ideológicamente opuestos. Ha creado un equipo de trabajo integrado con miembros de esa coalición, que en la práctica no ha funcionado, con la consecuente pobreza de resultados que han puesto en evidencia la capacidad de gestión, la ineptitud y la falta de oficio. 

Se tiene aprobada una Ley para el sector que conlleva la restructuración institucional para impulsar y mejorar la actividad, y no se toman acciones para ponerla en operación. Si se aplicara aquello de la madurez democrática y de que la ciudadanía ya no permitirá engaños, esa tesis ya debería haber surtido efecto, pero no es así…. no pasa nada. De ahí que para que las cosas mejoren, tendrá que transcurrir tiempo y seguirse remando contra corriente. Hay que tener paciencia y esperar a que piquen los peces, crezcan los enanos y que la brisa mueva la vela.



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