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¿Por qué el mundo está en crisis?

En su negocio31 de agosto de 2012

De continuar la tendencia mundial del mercado laboral y las crisis económicas en los países desarrollados, nos tendremos que acostumbrar a que en el presente y futuro inmediato, de cada puesto de trabajo dependerán dos o más familias.

Por: Salvador Meza

Bertrand Russell, Premio Nobel de Literatura en 1950, planteaba en su ensayo Elogio de la ociosidad que supusiéramos que un cierto número de trabajadores fabrican al día, en una jornada de ocho horas, todos los alfileres que necesita el mundo. Supongamos a continuación, que alguien inventa una maquina que es capaz de fabricar el doble de alfileres con el mismo esfuerzo. Si el mundo fuera sensato, señalaba Russell, todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho y todo lo demás continuaría como antes: el empresario seguiría teniendo el mismo beneficio y los alfileres costarían lo mismo. En el mundo real ya sabemos lo que ocurriría: se despediría a la mitad de los trabajadores y se multiplicaría el beneficio.

La civilización del ocio

En un mundo en el que las máquinas pudiesen hacer todo el trabajo, situación que hoy en día está más cerca de la realidad que de la ciencia- ficción, la pregunta que surge es ¿en qué se ocuparán los seres humanos? Si todos los alfileres, todos los autos, todos los televisores, todos los aviones, fueran fabricados con sólo apretar un botón, ¿qué harían las personas? Zygmunt Bauman, reconocido sociólogo polaco, responde esta pregunta argumentando que si la mayoría de los bienes y servicios se produjeran sin la necesidad de asalariados, la economía se convertiría en una gran máquina de producción de “desperdicios humanos” -personas que no tienen ningún papel útil que desempeñar y ninguna oportunidad de ganarse la vida-.

La bonanza económica de los años noventa permitió ver el futuro como una oportunidad de bienestar generalizado para la humanidad cuando se comenzó a hablar del reparto del trabajo y de la civilización del ocio. Los seres humanos por fin dejarían de ganarse el pan con el sudor de su frente y se dedicarían a su familia, a sus aficiones y a sus placeres. Sin embargo, hoy la situación es totalmente opuesta: se les pide a los trabajadores que laboren más por menos ingresos y que se jubilen más tarde. ¿Qué pasó?

La explicación

Lo que ha pasado es que, en los países desarrollados, el valor de todos los salarios de sus tra­bajadores juntos tiene cada vez menos peso en la economía nacio­nal, lo que significa que se va incrementando el número de eso que Bauman llama “consumido­res defectuosos”, personas que no tienen dinero para gastar y que no contribuyen por lo tanto al funcionamiento de la economía. Por el contario, el valor del capi­tal es cada vez más grande, pero como es imposible hacer inversio­nes productivas con él, puesto que ya no hay compradores suficientes, se emplea en alimentar Bolsas e hipotecas especulativas. Es como si tuviéramos a un gran productor de alfileres que no necesitara a nadie para producirlos, pero que tampo­co los puede vender porque nadie tiene dinero para comprarlos. Ésta es la crisis económica mundial actual.

De continuar una situación de este tipo, los pocos puestos de trabajo que sigan existiendo y los nuevos que continúen abriéndose, sólo serán para las personas más aptas y capacitadas de la sociedad, que serán las únicas en reunir todos los requisitos de sofisticación y habilidades que se vayan necesitando para ocupar estas plazas, dejando a cientos, miles y millones sin ninguna oportunidad clara de incorporarse a la vida productiva.

El ejemplo más representativo de esto es la cantidad creciente de ninis que ya forman parte de la sociedad de todos los países del mundo.

Estos nuevos puestos de trabajo serán tan especializados que demandarán salarios muy altos, con lo cual es seguro que, en el futuro inmediato, un puesto de este tipo dará el suficiente ingreso para mantener a una o más familias, en donde los otros miembros serán las familias de los hijos, o de los sobrinos o de hermanos que no están aptos para incorporarse a la nueva oferta laboral especializada, y se dedicarán a las artes, al estudio o simplemente al ocio.

La perpetuidad de la crisis

Luisgé Martín, escritor español, planteaba en uno de sus artículos publicados en el diario El País, que “no es que no haya dinero para pagarles mejor a los trabajadores, como se nos dice cada día, sino que ese dinero está mal repartido”. En 1968, el director ejecutivo de una compañía como General Motors ganaba en promedio 66 veces más que un trabajador medio de esa empresa; hoy en día, un director ejecutivo de una empresa similar gana 900 veces más que su trabajador medio. “Con estas cifras, las crisis serán perpetuas”, finaliza.



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