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FIB (Felicidad Interior Bruta): ¿Cuánta felicidad produce el dinero

En su negocio01 de julio de 2011

Richard Esterlin, determinó que es el ingreso relativo –y no absoluto- el que estaba vinculado a la felicidad; es decir, lo que importa es tener lo mismo que el vecino.


No se puede negar que tener suficiente dinero para cubrir las necesidades básicas alimentos, abrigo y vivienda- hace más felices a las personas, o al menos los libera del estrés que conlleva vivir bajo serias limitaciones. Sin embargo, puede que estos objetos materiales no proporcionen la misma felicidad que, por ejemplo, tomar un desayuno con un buen amigo hasta media mañana, o trabajar desde casa con un horario abierto, o pasar un día de campo con los hijos.

La Paradoja Esterlin

Richard Esterlin es el economista que estudió por primera vez la relación entre dinero y felicidad.

Como resultado, sostuvo que era el ingreso relativo –y no el absoluto- el que estaba vinculado a la felicidad; es decir, lo que importa es tener lo mismo que el vecino.

En su época, los estudios sugerían que, por encima de determinado mínimo, los ingresos solo tenían un modesto efecto sobre la felicidad. En cualquier sociedad la gente rica era más feliz que la gente pobre, pero los ciudadanos de países ricos no eran mucho más felices que los ciudadanos de países de riqueza media e incluso pobres. Este resultado es conocido como la Paradoja Esterlin.

Actualmente se dispone de mejor información y muestras mucho más representativas para cuantificar tanto los niveles personales como nacionales de felicidad. La mayoría de los investigadores ahora están de acuerdo en el fuerte vínculo existente entre el nivel de desarrollo económico de un país y la felicidad de sus ciudadanos.

Relación Felicidad-Dinero

En definitiva, el dinero está correlacionado con el bienestar cuando se compara la felicidad de dos individuos dentro del mismo país -donde uno es 10% más rico que el otro-, o la felicidad media de dos países –donde la renta per cápita de uno supera en un 10% a la del otro.

Hay varios indicadores económicos que tienen una fuerte correlación con lo que la gente entiende por bienestar. La mortalidad infantil es uno de ellos. En EE.UU., la probabilidad de que un recién nacido fallezca antes de los cinco años ha disminuido considerablemente a lo largo de los últimos 50 años: hoy en día la probabilidad es de 7.8 por cada mil nacidos, mientras que en 1960 dicha cifra era de 30 por mil. En Burundi, uno de los países más pobres del mundo (y que está situado en las últimas posiciones en todas las listas sobre felicidad en el mundo), la mortalidad infantil en la actualidad es de 166.3 por mil, según datos del Banco Mundial.

En este mismo sentido, en los últimos 30 años la esperanza de vida en EE.UU. ha aumentado prácticamente en un año cada década. Si los patrones de mortalidad actuales se mantienen, se espera que un recién nacido estadounidense promedio cumpla los 78.44 años (en 1970 dicha cifra era 70.81, según el Banco Mundial).

En Burundi, la esperanza de vida promedio es de 50.43 años. Si tomamos en consideración todos estos resultados de investigaciones sobre la relación Felicidad- Dinero, encontraremos que en realidad la “Paradoja de Esterlin” podría adaptarse de la siguiente manera: lo único que importa es tener lo mismo que el vecino. Pero si el vecino vive en un país rico y nosotros también, los dos estaríamos más felices de lo que estaríamos viviendo en un país pobre. La pequeña satisfacción que se siente cuando se supera al vecino realmente no tiene importancia en un país como Burundi.

El lado oscuro de la naturaleza humana

Otro estudio de hace cerca de diez años comentaba que la gente prefiere vivir en un mundo en el que su salario anual fuese de USD$50,000 y el de los demás, USD$25,000, que en uno en el que ganase USD$100,000 y los demás, USD$200,000. Esto demuestra que nos preocupan más las comparaciones sociales, estatus y posición que el valor absoluto en nuestra cuenta bancaria o nuestra reputación.

Pero, independientemente del dinero que tenga cada uno, hay estrategias de consumo que maximizan nuestra felicidad individual. Por ejemplo:

•Gastar dinero en los demás, bien sea un acto filantrópico o invitando a un amigo a comer, nos hace más felices que gastar dinero en nosotros mismos.

•Gastar dinero en cualquier cosa que fomente el crecimiento personal nos hace más felices que gastarlo en aventuras en solitario.

•Gastar dinero en muchas pequeñas cosas en lugar de una única cosa grande también nos hace más felices. El motivo es que muchas cosas de pequeño valor producen más periodos de adaptación, así que la felicidad dura más tiempo.

•Gastar dinero en experiencias –por ejemplo: un viaje especial-, en lugar de posesiones. Las experiencias sociales se recuerdan más y no son comparables. Nadie sabe si su vecino tuvo una luna de miel mejor que la propia.

Conclusiones

Después de analizar varios estudios sobre la relación Felicidad- Dinero, la conclusión obvia es que todos necesitamos pasar más tiempo socializando con nuestros amigos y seres queridos para ser más felices, que aumentar los ingresos.

No obstante, no se propone que la gente deba dejar de trabajar.

Para muchas personas, el trabajo es una fuente muy importante de satisfacción personal y de felicidad.

Sin embargo, las investigaciones indican que, además de nuestras carreras profesionales, también debemos cuidar la familia y las relaciones sociales. Al final del día, en el momento cuando estamos pensando en trabajar una hora más o bien irnos a casa y pasar algo de tiempo con nuestra familia o amigos, si se opta por lo último, según estos estudios, se tendrá más felicidad.



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