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En su negocio03 de mayo de 2010
“La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo”. François Mauriac

A finales del 2009 recibí una de las noticias más tristes en mi vida. Se trataba de la muerte de un amigo muy cercano, quien había muerto días antes de fin de año por motivos de salud. Como la mayoría de las personas, ya había tenido la pérdida de familiares cercanos, pero son pérdidas esperadas, por decirlo de alguna manera; personas de edad madura con algunas enfermedades crónicas, y que al final, su partida aunque dolorosa, es esperada por todos.
Mi amigo, en cambio, era una persona en plenitud de sus facultades, en la madurez de la vida, con na esposa, dos hijos y un camino por delante. Su partida es de esas en las que uno no termina de preguntarse por qué suceden; el que menos se tenía que ir, o en cualquier caso, el que tenía que irse al último...se fue antes.
Martín, desde muy chico, fue una persona con sabiduría, de esas ue siempre tienen un buen onsejo que dar, una palabra, un gesto, un comentario que por lo general atinaba en el punto exacto para hacernos entrar en razón y ver las cosas y la vida con buena cara. No conozco a nadie que se haya expresado mal de él o que haya generado un mal sentimiento al conocerlo. Siempre positivo, se hacía de la amistad de las personas más difíciles que pude haber conocido, y les tenía una consideración especial, como si supiera cuál era el motivo de su permanente enojo o malestar.
Colaborador en Panorama Acuícola Magazine por un tiempo, Martín llenó el ambiente de armonía y buena convivencia con todo el equipo de trabajo. A pesar de la premura de los cierres de edición y de los eventos masivos, él supo conservar la ecuanimidad, la calma y mantener al equipo con buena actitud hacia el trabajo.
Todavía recuerdo cuando llegó a la oficina. Nadie esperaba que terminara conquistando a cada uno de nosotros con sus oportunos consejos, sus palabras de aliento y sus enseñanzas. Hasta los caracteres más aguerridos sucumbieron a su candidez y consideración, brindándole su amistad ante su salida de la revista.
Haciendo una reflexión sobre la partida de Martín, he pensando que debo hacer una lista de las personas que se han adelantado en su final y que les debí de haber dado más de mi tiempo antes de que se fueran; haciendo a un lado compromisos de trabajo, juntas, reuniones y todo ese tipo de excusas con las que nos justificamos a nosotros mismos para no atender a las personas que nos estiman y que nos rodean.
Más importante aún, debo hacer otra lista de las personas que aún están con nosotros y que necesitan más de mí tiempo: mi familia, mis hermanas, mis amigos más cercanos (esos con los que no tengo relaciones de negocios), y cuidar muy de cerca no pasar a ninguno de esta segunda lista a la otra lista de las personas que no les di el tiempo necesario. Este es el tipo de enseñanzas que Martín acostumbraba dar con sus palabras y con sus ejemplos; y es sin duda, la última gran enseñanza que me ha dejado. A la memoria de Martín Durazo Fimbres.