Recientemente viajé a las costas de Sonora para comprar algunos productos como callo de hacha, jaiba y lenguado; me encontré con
una industria olvidada, sin volúmenes consolidados y sin buenas prácticas de higiene.
Hace alrededor de 4 años participé en la elaboración del Programa Rector de Acuacultura y Pesca, un gran esfuerzo que se hizo por parte de Centros de investigación y de la CONAPESCA, específicamente desarrollando un diagnóstico del comercio de pescados y mariscos en México.
Esta es la pregunta que se hicieron los chefs de un movimiento llamado Mr. Goodfish, y se refiere a que la mayoría de la gente quiere comer el mismo pescado y marisco estando en México, Paris, Nueva York o cualquier ciudad.
El Dragón Asiático ha despertado; ésa es la percepción del mercado de China en las diferentes industrias en que compite, teniendo fácilmente el primero o segundo lugar.
En México ni las autorida des ni las asociaciones de produc tores se hacen cargo de informar al consumidor qué está comprando y cómo diferenciar entre uno y otro.
Las pescaderías en México son un tipo de punto de venta en peligro de extinción; al igual que las pollerías y carnicerías, han sido abatidas por el comercio de las grandes empresas de supermercados.
Por: Alejandro Godoy
Por años, el consumidor mexicano ha tenido una serie de barreras que limitan su consumo de pescados y mariscos que deberán ser consideradas a la hora de comercializar este tipo de productos.
Este año impartimos talleres de comercialización en México, principalmente en el Noroeste. Platiqué con empresas acuícolas y pesqueras que producen o capturan pescados y mariscos; sin embargo, cuando ofrecen artículos, solo hay opciones que ya existen en el mercado, no productos de innovación.
De acuerdo con información la empresa tailandesa Charoen Pokphand Foods (CPF), el productor más grande de camarón proveniente de acuicultura, tiene proyectado incrementar su producción de un 10 a un 15% durante este año. CPF es una empresa integrada verticalmente; tiene inversiones en plantas procesadoras de alimentos, granjas de cultivo, comercializadoras y distribuidoras.
El consumo de sushi ha mostrado un marcado crecimiento en el mercado mexicano; esta es una buena oportunidad para que los acuicultores nacionales promocionen sus productos, pero se enfrentan a algunos retos antes de poder hacerlo.
En la comercialización de cualquier producto, uno de los aspectos más importantes recae sobre el punto de venta, pues es el primer contacto de nuestro producto con el cliente; en el caso de los pescados y mariscos, este contacto inicia en los supermercados y pescaderías.
Las ventas de pescados y mariscos, frescos y congelados, representan alrededor del 1% el total de ventas de alimentos perecederos, en comparación con el 38% de carne y pollo, 36% frutas y verduras, 17% quesos y salchichonería, y 8% para panadería.
Podríamos creer que, con casi 500 locales de venta de pescados y mariscos de mayoreo en México, este país consume grandes cantidades de estos productos. Pero al compararlo con países como España, nos damos cuenta de que la realidad es muy distinta.
Con subidas y bajadas, se puede decir que el año 2010 ha sido bueno para la acuicultura; sin embargo, todavía hay muchos retos para que este negocio tome importancia en México. El año entrante, se espera contar con un consumo más alto y el acuicultor deberá estar atento a estos cambios en el mercado para poder adaptarse a los tiempos que vienen.
Para los acuicultores es importante visitar eventos donde puedan conocer nuevas opciones y exponer sus productos y servicios. Para esto, se deben tomar en cuenta ciertas condiciones que permitirán que su asistencia sea todo un éxito.
Es importante considerar que el principal importador de camarón de EEUU, Tailandia, con volúmenes de importación de 200,000 toneladas anuales, al observar esta oportunidad ha decidido incrementar su producción en un 8% durante 2010.
Uno de los temas más controversiales en el mundo del comercio de pescados y mariscos es el relacionado con fraudes, donde una de las partes se beneficia mediante la utilización de la inteligencia, viveza y creatividad para tomar ventaja de la otra parte y es considerada un delito.
La competitividad comercial es aquella que involucra costos de producción, mano de obra barata y medidas sanitarias, las cuales se traducen en un precio final de un producto que compite en el mercado con otros productos similares. Cuando empresas o gobiernos no pueden competir ante estas circunstancias, utilizan otro tipo de mecanismos para proteger su mercado doméstico; a estos mecanismos se le llaman barreras no arancelarias.