Los costos de producción de tilapia se nivelan lentamente y cada día son más semejantes, especialmente en los países en desarrollo. Esta semana estuve en China, haciendo la revisión anual de su más grande criadero de tilapia. Me acompañó la Doctora Gina Conroy y, como observador, el tailandés Amorn Lueng, propietario de otro gran criadero.
Por: Sergio Zimmermann
El proceso de suspensión de bacterias en “Biofloc“ es una técnica basada en el lodo activado (sedimentos en suspensión orgánica), un área que los microbiólogos puristas evitan, y que la mayor parte de los ingenieros sanitarios que trabajan con aguas residuales han aprendido a apreciar, a pesar de que en realidad nolo entienden muy bien.
Comparado a América, las piscifactorías de tilapia en Asia son gigantescas, con programas de mejoramiento propios y utilizando pocos materiales genéticos, básicamente varias líneas de Nilótica, GIFT y Chitralada cruzadas con Áureas en climas fríos, y rojas en algunos mercados específicos.
Los costos de producción son cada vez más grandes, la mano de obra es cada vez más cara, los fletes de importación de los EU.UU. son carísimos;
y sumado a esto, el mercado interno todavía desconoce la tilapia y demanda un pez vivo. Pero ¿cómo esta tilapia puede ser tan competitiva contando con tantas desventajas?
Mi primera visita a Vietnam fue en 2001. En aquel momento, la producción de tilapia era todavía considerada por el Gobierno de Vietnam como prioridad junto a la del Pangasius; su cultivo era interesante, debido al éxito de su cultivo en países vecinos como China, Tailandia e Indonesia.
Cuando se habla de tilapia, la mayoría imagina la especie nilótica gris o el híbrido rojo, las más cultivadas y conocidas en casi todo el mundo. Pero hay decenas de especies de tilapias, algunas todavía desconocidas para los acuicultores, y podemos encontrarlas sobre todo en su natal África.