Panorama Acuicola 

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El Blog de Artemia Salinas

La Pesca está sobrevaluada… cualquier Gobierno que empiece queriendo “potencializar” la pesca de un país, sólo estará exhibiendo su ignorancia supina…Lo moderno y sustentable es la Acuicultura. | 1 Comentarios

31 de agosto de 2012

Por: Artemia Salinas

Entre el 50% y el 60% de la pesca total de América Latina (en el mundo es el 23%), está constituida por pequeños pelágicos (sardinas y anchovetas) que se destinan a la producción de harina y aceite de pescado a manos de un número limitado de empresas. Esto representa unas 6 millones de t anuales aproximadamente. El resto, otras 6 millones de t, están destinadas al consumo humano directo y la mayoría está representada por atún, arenque del Atlántico, anchovetas y otros (todas las demás especies de corvinas, pargos, robalos, camarones y todo lo que unitariamente no hace ningún número industrial interesante).

Ésta es la pesca en América Latina y, salvo algunas excepciones, también en el resto del mundo. Es decir, es una industria consolidada en manos de unos cuantos empresarios que, salvo honrosas excepciones, al cobijo de los descobijados pescadores de migajas, se han mantenido en una actividad al borde de la in-sustentabilidad económica, por no decir también ambiental, a base de subsidios “perversos”, como dicen los que saben, y generando pocas expectativas de crecimiento en cuanto a producción, empleos y riqueza.

Según las estadísticas de la FAO, se espera que la pesca en los próximos 6 años se mantenga en los niveles de producción actual mundial, y en América Latina se produzcan las mismas 12 millones t anuales promedio, las cuales seguirán dependiendo significativamente de condiciones climatológicas, lo que supone una disminución e la producción de aceite y harina de pescado a niveles de entre un 40 y 50%, manteniendo la producción para el consumo humano directo entre 5 y 6 millones de t. En pocas palabras, cualquier inversión en este sector en los próximos años, será para mantenerlo a flote, no para producir más alimentos, ni más empleos, ni más oportunidades de desarrollo, esto debe quedar claro entre los pensadores y diseñadores de políticas públicas que buscan provocar el desarrollo de sus países y que han prometido la creación de empleos en sus campañas políticas; la pesca requiere ayuda, sí, pero para no morir, no para crecer.

Pero ¿se han dado cuenta de que apenas estamos hablando de unos cuantos millones de t anuales de pescados y mariscos en toda América Latina? Esto quiere decir que por país individualmente la producción pesquera en algunos apenas llega a unas cuantas miles de t; Argentina y Perú andan por un millón cada uno; Brasil, Chile y México por 600 mil cada uno (sólo océanos, no aguas interiores); Venezuela, 400 mil; Uruguay, 150 mil; Ecuador, 50 mil y los demás mejor ni los mencionamos.

Sólo para que se den una idea, la producción total anual de carne de pollo (eviscerada) en América Latina es de 24 millones de t. Sólo Brasil produce 13 millones; México, 2.8 millones; Argentina, 1.6 millones; y Perú, 1 millón. Si hablamos de carne de bovinos (deshuesada), la producción en América Latina es de 16 millones de t anuales, de las cuales Argentina, México y Brasil contribuyen con el 79%. En proveeduría de pescados y mariscos necesitamos empezar a hablar de millones de t; miles de t en un mundo de poblaciones billonarias y con serias limitaciones en la disponibilidad de alimentos no significan absolutamente nada más que una inútil inversión de dinero y esfuerzo.

La única posibilidad de producir millones de t de carne de pescado (eviscerada) para alimentar las bocas hambrientas cuando el destino nos alcance va a ser por medio de la acuicultura, no se necesita más que simple sentido común para evidenciarlo.

¿Qué pesquería creen ustedes que se va a potencializar para producir uno o dos millones adicionales de t de pescado disponibles para consumo humano en los próximos años? ¿O acaso se descubrirán nuevas y prometedoras pesquerías en la profundidad de los mares, mismas que están esperando ser explotadas para alimentar al hombre del mañana? Claro que no. Esto ya se acabó; en un destino donde la seguridad alimentaria del mundo está en duda, tal y como nos lo indican los reportes de la FAO, no invertir en el desarrollo de la acuicultura por invertir en la in-sustentabilidad financiera y ambiental de la pesca es una solución de corto plazo que no va a llevar más que a condenar el futuro de las próximas generaciones, de los hijos de los mismos pescadores que hoy se pretende salvar y de otros sectores de la población que podrían verse favorecidos por un despegue dinámico de la producción acuícola de una región determinada.

El último reporte del Estado de las Pesquerías y la Acuicultura en el Mundo (SOFIA, por sus siglas en inglés) de la FAO, publicado en 2012, continúa concluyendo que para mantener el consumo per cápita de pescados  mariscos en el año 2030, se van a necesitar 27 millones de t adicionales a las que se producen actualmente, sólo para mantener el nivel de consumo actual de 17 kg. Si continuamos con una visión oblicua de diseñar políticas públicas para apuntalar a la pesca sin adicionar un componente mayoritario de políticas conformadas ex profeso para provocar el desarrollo exponencial de la acuicultura, vamos a seguir produciendo miles de t anualmente, en lugar de millones… a ver si el destino nos espera a que completemos las 27 millones de t que pide la FAO como para el festejo del año 3000… si es que aún queda alguien que pueda festejar, claro.

Por favor no vayan a crear una nueva Secretaría de Pesca y Acuicultura, o cualquier otra “novedosa” idea de estructura gubernamental para potenciar el desarrollo pesquero yacuícola de México. | 5 Comentarios

03 de julio de 2012

Por Artemia Salinas 

En un país como México, cualquier nueva idea, por más ingeniosa y acertada que sea, tomará varios años en implementarse cuando llegue a las oficinas y pasillos de los edifi­cios gubernamentales, repletos de burócratas automatizados que segu­ramente representarán una barrera muy difícil y costosa de franquear al implementarse cambios radicales, cuando lo que el sector acuícola y pesquero necesita es una rápida gestión en programas de apoyos a la producción y un esquema de financiamiento apropiado para cada actividad acuícola o pesquera de forma particular.

Y la realidad es que en los últi­mos diez años se ha trabajado en establecer estos cambios y estructu­ras que le permitan a la acuicultura y pesca contar con estos esquemas de apoyos y financiamiento apropiado, pero es muy poco lo que se ha con­cretado. El sector no aguantará otros seis años en diseñar y construir una nueva estructura gubernamental que solo llevará el aumento presupuestal que se consiga al pago de sueldos y salarios, rentas de edificios, viajes y viáticos, sin tener ningún efecto significativo en el aumento de la producción pesquera y acuícola, tal y como nos lo indican las mismas cifras oficiales de la última década.

El mejor ejemplo que tenemos para mostrar esta situación es el “Fondo PROMAR”, decretado como parte de la “Nueva Ley de Pesca y Acuicultura” en el año 2007, y por lo tanto como un mandato de Ley, al ser aprobado por el H. Congreso de la Unión, y que en más de cinco años la actual administración no ha podido terminar de conformar, luchando contra la burocracia den­tro de sí misma, lo que ha ocasio­nado la pérdida de oportunidades y crecimiento del sector en todos estos años.

En lugar de crear una nueva estructura, mejor sería rescatar y concretizar los planes y proyectos de la que se tiene actualmente, a la que nunca se le ha dado la atención y la voluntad política suficiente para terminarla de conformar desde la creación de la misma CONAPESCA en el año 2000.

Sin embargo, se respira un aire positivo en este sentido. Como nunca antes hay un consenso generalizado en el sector acuícola y pesquero del país en relación al estancamiento en la producción en estos últimos diez años, y de que esta situación no puede continuar igual. Este con­senso puede representar un factor de unión de ideas y voluntades que repercuta en un rápido crecimien­to de la planta productiva y de la producción en cifras superiores al 10% anual con una simple gestión atinada por el próximo gobierno en turno. Un capital político nada despreciable para algún buen ges­tor y promotor del sector acuícola y pesquero, con los conocimientos suficientes y las habilidades políti­cas adecuadas que busque no un empleo, sino una carrera política en asenso para el fortalecimiento de la pesca y acuicultura en México.

Con una simple gestión apro­piada, y sin requerir de nuevas fórmulas, ni de nuevas estructuras, y mucho menos de nuevos títulos y nombres rimbombantes de agencias gubernamentales, utilizando todos los gastos que representarían esos cambios en apoyos a la produc­ción y a la constitución del Fondo PROMAR, se lograría lo que en diez años no se ha logrado: aumentar la producción de pescados y mariscos en México y mejorar la oferta de estos productos al mercado interno, para que éste pueda favorecer su consumo sobre las importaciones, y se generen así más empleos en áreas rurales y de alta marginación, las cuales son zonas de incidencia de otras actividades que afectan la paz social del país y han puesto el nombre de México en los titulares rojos de los periódicos y noticiarios del mundo.

Es tal el atraso del sector, que cualquier gestión que logre por lo menos consolidar este Fondo PROMAR, el cual ya consumió tiem­po y dinero de todo un grupo de expertos consultores y productores del sector en su concepción y pro­puesta años atrás, y que lo lleve a operar en la forma en que está propuesto en la Ley, ya representa­ría una avance histórico en el sec­tor, y realmente lo potenciaría para un crecimiento sostenido por las siguientes décadas. Sólo eso… ¿será mucho pedir?

El consumo de pescados y mariscos en EE.UU.; un ejemplo de lo que puede pasar en el resto del mundo | Sin Comentarios

02 de mayo de 2012

Por Artemia Salinas

Si el mercado más grande de pescados y mariscos en el mundo ha mantenido una tendencia a la baja en su consumo interno por más de 6 años consecutivos, es decir, está en fran­ca recesión, creo que es momento de que empecemos a tomar en serio estas estadísticas y nos pon­gamos a pensar cuál podrá ser el escenario mundial en un futuro de escasa oferta compitiendo con una alta disponibilidad de proteínas de otras fuentes bombardeando a los consumidores.

Si la oferta mundial de pesca­dos y mariscos provenientes de la pesca y de la acuicultura no alcanza las mesas cotidianas de las clases medias en los mercados desarrolla­dos, se va a correr el riesgo de per­der cuota de mercado, confinando el consumo de pescados y mariscos a un pequeño nicho de consumido­res fieles y sofisticados.

Tomando en cuenta los números apocalípticos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que indican que para el año 2030 se requerirán 80 millones de t de pescados y mariscos adicionales a las que se consumen hoy, solo para mantener la media anual de 17 kg por habitante, considerando única­mente las tendencias del crecimien­to de la población, ya no digamos algún aumento en la cantidad de kg consumidos por persona por año, es casi inimaginable pensar de dónde van a salir estas 80 millones de t “adicionales” en los próximos 18 años (4.4 millones de t por año...a partir de este año).

Considerando esta situación es fácil suponer que, ante la imposibi­lidad de poner millones de t de pes­cados y mariscos adicionales en el mercado año tras año en los próxi­mos 18 años, los consumidores van a tener cada vez más dificultad para encontrar de manera accesible una buena oferta de su pescado o maris­co favorito, y ante la decepción, y muy probablemente el alto precio, terminarán por olvidarse de su pre­ferencia gastronómica y sustituirla por una alternativa más disponible y a un precio más accesible.

En 30, 40 o 50 años de historia de la acuicultura moderna mundial, habremos pasado por la creación de commodities internacionales, en el caso del camarón, basa y tila­pia, cuando la producción de estas especies alcance su nivel más alto en relación a kg por habitante, para después regresar a los nichos especializados en mercados selec­tos y sofisticados, cuando el creci­miento de la población rebase por mucho la pobre oferta estancada en desafíos técnicos y retos sustenta­bles, concentrada en unas cuantas especies incapaces de satisfacer un mercado ávido de alimentos funcio­nales, accesibles y baratos.

Sin embargo, si consideramos a la acuicultura como una fuente importante de alimentos para el desafío mundial que representa­rá la seguridad alimentaria de un mundo de más de 9 mil millones de habitantes en el año 2050, no podemos dejar su desarrollo a la libre conveniencia de los mercados y de la oferta y la demanda. Es decir, tendremos, como sociedad, que organizarnos y promover a tra­vés del Estado el desarrollo de nue­vas técnicas, de nuevos cultivos, de nuevos empresarios acuicultores, de nuevos canales de comercialización, y de nuevos consumidores, hasta que las leyes del mercado aseguren su prevalencia por sí mismas.

Este es en realidad, el reto de la acuicultura del siglo XXI. Lograr los niveles de organización necesarios para que, aun no siendo económi­camente sustentable, mantenga un ritmo de desarrollo tecnológico y de crecimiento, que le permita explotar esa capacidad que tiene de conver­tir un solo desove de millones de huevecillos en millones de platos dispuestos en las mesas de millones de personas en tan solo unos cuan­tos meses. Esta sí sería en realidad una alternativa eficiente para la seguridad alimentaria mundial.

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