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El Blog de Artemia Salinas de mayo 2011

El resurgimiento de la silenciosa exportación de tecnología de Ecuador hacia el resto de América Latina y el Mundo. | 1 Comentarios

02 de mayo de 2011

Por Artemia Salinas

En acuicultura, las industrias más desarrolladas y consolidadas son las más silenciosas y discretas, y guardan una madura y prudente actitud en su comunicación con el mundo exterior, diferenciándose del resto de los incipientes cultivos acuícolas que apenas comienzan a dar sus frutos.

Es así como usted escucha continuamente rimbombantes anuncios del descubrimiento de la posibilidad de desoves en cautiverio de tal o cual especie, seguido por toda una parafernalia de comentarios sobre el enorme y grandioso potencial que tendrá en el futuro. Y si se trata de peces marinos, peor aún, cualquier pequeño e insignificante paso en la domesticación de la especie en cuestión, merece la visita del Secretario o Ministro en turno, se asignan inmediatamente programas y planes de desarrollo, se destina una partida presupuestaria para complementar su desarrollo, se mandan a hacer estudios de mercado, se realizan cálculos sobre sus potenciales exportaciones, se llama a la prensa y se toma la foto con unos cuantos organismos en un par de tanques dentro de una improvisada galera, de donde saldrá, según se dice después, lo que en el futuro será una importante industria acuícola, que revolucionará el consumo y el mercado mundial de peces y mariscos.

Más tarde, surgen los autonombrados “expertos” en el cultivo en cuestión. Una especie de semidioses parlanchines y dicharacheros que van por el mundo dando cátedras y conferencias sobre lo complicado y sofisticado de la técnica de producción, de tal manera que solo ellos serían capaces de llevarla a cabo, y con suerte unos cuantos adeptos y súbditos que tengan la capacidad de asimilar tal grado de conocimientos y experiencia, y terminan estafando a medio mundo por doquier, obligándolos a realizar estrafalarias inversiones que al final terminan por no servir para nada.

El cultivo de camarón y de salmón, son las industrias acuícolas más desarrolladas en América Latina.

En ellas ya no se toleran este tipo de personajes, muchos de ellos estafadores imprudenciales y muchos otros estafadores profesionales. En estas industrias más vale no hablar si no se tiene la certeza total de lo que se está diciendo. Aquí los técnicos y verdaderos expertos, son los que tienen el reconocimiento mundial por su trabajo, expresado en miles de toneladas producidas, comercializadas y cobradas con ganancias netas probadas. Los que no cumplen estos parámetros, simplemente no son tomados en cuenta, no existen.

A diferencia de los incipientes cultivos acuícolas, que necesitan de reflectores para llamar la atención y recursos económicos para su desarrollo, con el camarón y el salmón los logros tecnológicos son más bien reservados, discretos y guardados como verdaderos secretos industriales que se contabilizan dentro de los activos de la empresa. Asimismo, como grandes estrellas de cine, en estas industrias los expertos y asesores técnicos ya no quieren cámaras, luces y escaparates, prefieren la discreción y el anonimato. Su silencio y reserva vale ahora mucho más.

Es tal vez por esta cuestión que de alguna manera ha pasado desapercibido para el resto del mundo la silenciosa transferencia de tecnología que ha realizado Ecuador hacia el resto de América Latina en principio, y para todo el mundo después, en la producción, procesamiento y comercialización de camarón, en los últimos 15 o 20 años.

Recordemos que en los años setentas y ochentas fue en El Ecuador en donde se consolidó el desarrollo de la tecnología de producción del camarón blanco del Pacífico Litopenaeus vannamei, y que de ahí se exportó a todo el mundo, incluyendo los países de mayor producción hoy como China, Tailandia, Malasia, Indonesia y la India. Por lo menos tres generaciones de acuicultores y más de cuatro eventos epizoóticos que propiciaron pérdidas millonarias, han producido en Ecuador a verdaderos expertos en el negocio de la producción, proceso y comercialización de camarón bajo múltiples condiciones económicas y de cultivo.

Tras superar el último tropiezo productivo y económico que dejó la epizootia del Virus de la Mancha Blanca (WSSV, por sus siglas en inglés) durante el final de los años noventas y principios de los dos mil, la producción ecuatoriana de camarón ha venido recuperándose a un ritmo de 20% anual desde el año 2003; ya para 2008 las exportaciones fueron de más de 125 mil toneladas con un valor de 682 millones de dólares. Junto a este resurgimiento de la producción, se ha venido dando a su vez un resurgimiento de la transferencia de tecnología desarrollada para la producción en presencia del WSSV por parte de biólogos y técnicos ecuatorianos hacia el resto de los países productores de América Latina.

Esta transferencia tecnológica - silenciosa, sin ruidos, ni comunicados espectaculares- es de conocimientos, de habilidades y de experiencia; no son promesas, son resultados; por lo tanto, tiene valor. Es en términos contables un activo que se adquiere, y es uno de los ejemplos exitosos más importantes de transferencia de tecnología acuícola que se ha dado en América Latina, en donde curiosamente no han participado ningún Centro de Investigación ni Agencia de Gobierno

 

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