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29 de julio de 2009
Por ignorancia, en la mayoría de los casos, o por descuido y costumbre, en otros menos, en la mayor parte de las instituciones gubernamentales de Latinoamérica, y una buena parte del resto del mundo, se ha venido considerando a la acuicultura dentro de la pesca como una actividad que pareciera provenir de ella. “En la pesca…” dicen, y creen que están hablando de la acuicultura…”hay un desarrollo importante con la producción en las granjas…”
Hágame usted el favor, hablan de la pesca y luego se refieren a la producción en las granjas acuícolas, y esta verborrea incoherente es pasada por alto por los acuicultores presentes, cansados ya de explicar que la pesca nada tiene que ver con la acuicultura.
El problema principal de confundir a la acuicultura con la pesca, radica principalmente en que la pesca está llena de problemas irresolubles que siempre saltan a la mesa y que presionan al funcionario en turno, ya se trate de un simple burócrata de mediano puesto, o así el Jefe,
Director, Comisionado o Secretario; siempre el funcionario público personifica un rehén de los pescadores amenazado con intervenir sus oficinas, tomarlo prisionero o hasta pedir su renuncia públicamente, termina éste por acceder a todo tipo de chantajes y lloriqueos con tal de salvar el pellejo.
Entre las dádivas que finalmente otorga el gobierno, ya sea federal, estatal o ambos a los rijosos pescadores, está una buena parte del presupuesto que se destinó a la “Pesca” incluida la acuicultura en la ignorancia supina de los diputados que aprobaron el presupuesto y que creyeron que con esos recursos “etiquetados” para la pesca impulsaban el desarrollo acuícola también.
Por eso es importante hacer una distinción de una vez por todas en que la pesca y la acuicultura son actividades económicas totalmente diferentes entre sí, y que no tienen por qué compartir un presupuesto ya de por sí insuficiente en la mayoría de los casos. El empresario pesquero y los pescadores independientes y agrupados en sociedades cooperativas vienen de una economía de lágrimas, en donde por antonomasia todo está mal, y se presume que seguirá igual siempre, “por lo que el Gobierno-Estado deberá darnos subsidios eternamente para mantener a nuestras familias”. La pesca está mal, el diesel está muy caro, los barcos están muy viejos, los precios de los pescados y mariscos están muy bajos, en fin, cuatro o cinco generaciones bajo la misma perspectiva y siguen en el mismo negocio a costa del presupuesto gubernamental.
En cambio el acuicultor, que generalmente viene de actividades agrícolas, industriales o empresariales –sólo algunos provienen de la pesca– que ha tenido que invertir y tomar riesgos en el desarrollo de una actividad nueva, poco entendida por los gobiernos e incluso por la sociedad civil, y que al margen de subsidios ha salido adelante a pesar de las entidades gubernamentales de fomento que en algunas ocasiones dificultan ciertos desarrollos embebidos en trámites y regulaciones burocráticas de poca utilidad práctica, no le conviene de ninguna manera verse inserto en un presupuesto compartido con la “Pesca” para la cual sus problemas financieros y económicos no tienen presupuesto que les alcance.
Es necesario entonces, insistir en la separación conceptual de la pesca y la acuicultura, para pasar posteriormente a una separación presupuestal, que destine recursos de forma separada a la pesca y a la acuicultura, y que permita medir los rendimientos de esos recursos públicos invertidos en cada industria, en términos de generación de empleos, generación de divisas y generación de riqueza, de manera que la sociedad en su conjunto pueda decidir si es preferible invertir el erario público en una industria poco sustentable ambiental y económicamente, a la cual hay que destinar una serie de recursos económicos en aras de mantener la “paz social” en los campos y puertos pesqueros, o si es mejor invertir en una actividad nueva, de jóvenes, con un potencial de desarrollo muy amplio, y sustentable social, ambiental y económicamente.
La lucha de los acuicultores en la próxima década será buscar un presupuesto gubernamental separado de la “Pesca”. Hoy en día los funcionarios encargados de la “Pesca” –y por ende de la acuicultura–, destinan la mayor parte de su tiempo en atender y solucionar los infinitos problemas de la pesca. Para lograr un desarrollo consistente y sostenido la acuicultura también necesita funcionarios de tiempo completo. Por eso es indispensable hacer énfasis en que mientras se mantenga en la ignorancia de funcionarios y servidores públicos a la acuicultura como una actividad dentro de la pesca, su desarrollo se verá mermado por falta de atención y sobre todo por el consumo del presupuesto en subsidios perdidos a la “Pesca”.
06 de julio de 2009
¿Quién será el próximo presidente de la Comisión de Pesca de la H. Cámara de Diputados? ta, ta, tiu, ta, ta, tiu, ta, ta, tiu,
A ver magazo, quién sale de esa cajita negra…¡Ah sí! ¡un ex presidente municipal de Santo Poco del Rincón!…Nooooooooooo. Bueno, déjenme ver otra vez…ta, ta, tiu, ta, ta, tiu, ta, ta, tiu…¡otro! ¡un ex coordinador de asesores del Secretario!…
Noooooooooo, bueno, bueno, estos son los interesados, a ver pues, vamos a otra oportunidad…..ta, ta, tiu, ta, ta, tiu, ta, ta, tiu…..un ex candidato a senador del partido morado!…Noooooooooo, bueno, pues no hay más. Soy mago, pero me piden milagros… ¿Y no podrías sacar cuando menos a un pescador, a un acuicultor, o a uno de esos biólogos que por lo menos no se le tenga que explicar qué quiere decir la palabra acuicultura y sepa la diferencia entre una pescadería y una pesquería?…Lo siento, pero en mi cajita de magia no veo a nadie con esas características, se equivocaron de mago otra vez.
Pero si me dicen cómo quisieran que fuera esa persona, tal vez podría poner mis polvos mágicos en mi cajita negra e intentaría sacar al elegido, ¿cómo ven?…Síííííííí, mira, lo ideal es que sea una persona con conocimiento del sector; no te imaginas lo que adelantaríamos si pudieras encontrar una persona que tuviera bien definido lo que es la pesca y la acuicultura de México, ya con eso daríamos pasos inusitados.
En este caso bien pudiera ser algún ex secretario de pesca o de acuicultura de alguno de los estados de la República, en donde se haya hecho un trabajo meritorio, claro; hay que tener cuidado en seleccionar bien, porque si no, podría ser contraproducente poner a alguien que solamente cree que sí sabe. Otra opción pudiera ser algún presidente de algún consejo u organización de productores y comercializadores de pescados y mariscos, aunque también hay que seleccionar bien; cualquiera de éstos estaría mucho mejor que los que hemos tenido en los últimos años. Esas serían las cualidades que buscamos en esa persona, porque, si además te pedimos que tenga capacidad de gestión, capacidad de liderazgo y que sea proclive al trabajo, sabemos que no encontrarás a nadie, y estaríamos perdiendo todos el tiempo; así que mejor, estas características ni las tomes en cuenta…bueno, bueno a ver, vamos a ver, llegó la hora chinhuenhuenchona, le damos vuelta a la caja negra ta, ta, tiu, ta, ta, tiu, ta, ta, tiu… y ¿Qué tenemos?…NADA, ¡no salió nadie!
Pero tú nos prometiste que si te decíamos cómo queríamos que fuera esa persona lo ibas a encontrar en tu cajita negra….¿Qué pasaría? Seguí todos los pasos, a ver, déjenme pensar…..De casualidad, ¿revisaron las listas de los candidatos? ¿Había alguna persona con esas características ahí? ¿Se fijaron también en las listas de los plurinominales?…¿Eh?, a ver tú, ¿te fijaste?, y tú ¿no las revisaste? Si te dije que te trajeras las listas, no pues nadie leyó las listas, ni la de los candidatos, ni la de los plurinominales. En realidad no sabemos quiénes son los candidatos.
¡Ah, bueno! Entonces ustedes no necesitan un mago. Lo que necesitan es un candidato; pero para eso ya se les fue el tiempo. Seguro ahora tendrá a un “ex algo” como presidente de la Comisión de Pesca de la H. Cámara de Diputados; y perderán otros tres años lidiando con la ignorancia y la falta de conocimiento hasta las próximas elecciones en donde, si no vuelven a proponer a un candidato, seguramente se repetirá la historia.
Mejor vamos a ver quiénes podrían ser los candidatos a la presidencia de la Comisión de Pesca de la H. Cámara de Diputados, en las elecciones dentro de tres años…..a ver, vamos a ver…..ta, ta, tiu, ta, ta, tiu, ta, ta, tiu…..
02 de julio de 2009
Definitivamente, ni la pesca ni la acuicultura producirán un millón de toneladas anuales adicionales consistentemente, año tras año hasta el 2030, para satisfacer la demanda anual de pescados y mariscos que habrá en ese año (la FAO estima que la demanda alcanzará los 80 millones de toneladas según un cálculo reciente). Imposible, ni siquiera imaginarlo. En el mundo se cultivan, poco más o poco menos, 1.4 millones de toneladas de salmón, y la humanidad tardó más de veinte años en lograrlo. En Vietnam, el año pasado se produjeron cerca de 1 millón de toneladas de basa y ya se presentan un sinnúmero de problemas sanitarios, de organización, sociales, de mercado y hasta financieros, lo que augura un reducido crecimiento de la producción para este año. Mucho menos pensar en un millón de toneladas más.
De las demás especies que actualmente se cultivan no hay probabilidades a mediano plazo de que su producción aumente un millón de toneladas adicionales por año; ni la carpa, ni el bagre, ni el jurel, ni la cobia, ni el bacalao, ni el camarón, ni los mejillones, ni los ostiones y ni la tilapia, están en condiciones de aumentar su producción en estas proporciones. Ni siquiera en conjunto lograrán un millón más de toneladas cada año en el próximo lustro o década. No existen las condiciones financieras ni económicas para lograr un reto de esta magnitud.
Tampoco están disponibles las tecnologías probadas para realizarlo en el caso de que se tuvieran los recursos económicos para hacerlo.
Mucho menos existe la infraestructura apropiada para el proceso y comercialización de ese millón de toneladas adicionales que cada año se tendría que producir para satisfacer la demanda de una población en aumento —nótese que no se está considerando un aumento en el consumo, solamente se calcula en base a la demanda actual de una población que crece—. Tampoco están desarrollados los canales de comercialización que permitan sacar de las áreas de producción (muchas de ellas en países de economías emergentes) los productos acuícolas y llevarlos hasta los destinos de gran consumo en los países desarrollados.
Definitivamente, no hay forma para que dentro de estos años, se desarrollen vertiginosamente una variedad de presentaciones más elaboradas y con valores agregados para un mercado demandante que en el año 2030 buscará alimentos muy sofisticados en cuanto a calidad, trazabilidad y sustentabilidad (tres condiciones que adolecen la mayoría de los productos pesqueros y acuícolas hoy en día).
En suma, el destino alcanzó a la acuicultura y la rebasó. Esto quiere decir que en los años venideros, conforme aumente la población, cada vez será más raro que una familia típica de clase media tenga como plato principal algún tipo de pescado o marisco en su mesa, un día cualquiera entre semana.
Seguramente habrá familias enteras en las generaciones venideras que nunca comerán pescado, es más, en casos extremos de países sin litoral, puede que no los lleguen ni siquiera a conocer en toda su vida.
Esa demanda futura de proteína, seguramente será cubierta por el pollo, el pavo, la carne de res o la de cerdo; en donde las condiciones económicas y financieras para el crecimiento de estas industrias podrían ser más propicias que las de la industria acuícola y pesquera.
Hay que considerar que la demanda futura de pescados y mariscos se focalizará en el segmento de la población que está acostumbrada a comerlos y que ha transmitido a sus descendientes esta costumbre. Los que no son propensos a comer pecados y mariscos actualmente, ante cualquier dificultad para encontrarlos o si su precio aumenta significativamente, se van a olvidar de ellos, y así será transmitido a las siguientes generaciones.
Al final, para el productor acuícola y para el comercializador de los productos de la acuicultura, las oportunidades en este análisis del futuro son infinitas. La demanda crecerá año con año en productos que nunca terminarán de satisfacerla.
La estrategia será desarrollar nichos de mercado que se puedan tener bien surtidos y mantener un ritmo de abastecimiento apropiado al crecimiento de la producción. Nunca tratar de abastecer a un mercado de masas, ya que esto podría poner en peligro el suministro para la gran demanda; y el producto, al volverse escaso y caro, dejará de tener interés para el consumidor, quien terminará por borrar el pescado o marisco de su lista de compras.
El futuro de los productos de la acuicultura será entonces, mantenerse en nichos de mercado que busquen los pescados y mariscos por tradición cultural, por ampliar la diversidad de alimentos para su consumo o por la búsqueda de platillos exóticos o de extrema condición nutritiva y saludable. Nichos que estarán dispuestos a buscar estos productos y a pagar por su precio.