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02 de abril de 2013
El 22 de junio del año 2012 concluyó la “Conferencia de la ONU Sobre Desarrollo Sostenible Río+20”, en donde se reunieron más de 188 Estados-Miembros acompañados por tres observadores internacionales, para analizar el futuro del crecimiento sustentable del mundo. Esta reunión tuvo lugar 20 años después de la Cumbre de Río, la cual ha sido conceptualizada como un hito en el desarrollo y evolución de las políticas públicas y el derecho al desarrollo sostenible.
Río+20 representó, sin ninguna duda, el más significativo acontecimiento internacional sobre suste-tabilidad de los últimos años y sus éxitos y fracasos tendrán un importante impacto en las agendas nacionales e internacionales del futuro. La Conferencia contó con dos ejes centrales: la denominada “economía verde” y la estructura institucional para el desarrollo sostenible; pero también se discutió un conjunto de temas adicionales relevantes.
Para llevar a cabo esta reunión internacional, la ONU realizó una tarea preliminar meses antes, que consistió en hacer consultas a los diferentes gobiernos participantes,así como a organizaciones civiles, organizaciones internacionales y grupos regionales, para obtener puntos específicos de preocupación, sugerencias y propuestas, que se incluirían en la agenda de los grupos de trabajo que tuvieron lugar durante el evento.
“Río+20 es la mejor oportunidad para definir los caminos que nos lleven a un verdadero futuro sustentable”, había comentado Sha Zukang, en ese entonces Secretario General Adjunto de la ONU, antes de la reunión; además dijo con respecto al documento final: “Realizadas en conjunto, estas sentencias son una amplia variedad de perspectivas, puntos de vista y posiciones, que ofrecen en su conjunto una poderosa herramienta de ideas y propuestas para organizar y dirigir las acciones que generará Río+20”.
Este documento final, titulado “El futuro que queremos”, no es más que una compilación de buenas intenciones y de lo que a todas luces parecería lo más apropiado hacer para asegurar la sustentabilidad del ser humano en un planeta afectado por la actividad de más de 7 mil millones de hombres y mujeres… y sumando.
Dentro de este compendio, podemos encontrar los siguientes temas: erradicación de la pobreza, seguridad alimentaria y nutrición, agua y saneamiento, energía, ciudades y asentamientos humanos, salud y población, empleo y trabajo, océanos y mares y cambio climático, entre otros no menos importantes.
Una de las conclusiones de esta agenda, y que tiene implicaciones directas sobre el sector acuícola mundial, es a la que hizo referenciala ONU y que calificó como “una oportunidad histórica para definir caminos hacia un futuro sustentable para la humanidad y acabar con el hambre en el mundo”.
En este sentido, el documento hace referencia a que todas las fuentes de alimentos deben ser utilizadas de una manera sostenible. Subraya además, que la producción de pescados y mariscos por medio de la pesca y la acuicultura son parte de la solución al hambre y la desnutrición mundial, y que los pescados y mariscos son actualmente una alternativa alimentaria saludable y parte de una dieta nutritiva para más de mil millones de personas en el mundo.
Esta toma de conciencia con respecto a la importancia de la acuicultura en la seguridad alimentaria mundial se materializó en el documento final aprobado como resultado concluyente de la Conferencia Río+20: “El futuro que queremos”, que comenta en su texto que los pescados y mariscos están claramente relacionados con la seguridad alimentaria mundial.
Esperemos que este reconocimiento sirva de ejemplo a los países que tienen potencial para el desarrollo de la acuicultura en todas sus facetas. A la luz de este documento que reúne las conclusiones y propuestas de la mayoría de los países del mundo en relación a la seguridad alimentaria mundial,podría considerarse una irresponsabilidad civil y moral, tener estas oportunidades y no actuar en consecuencia.
07 de enero de 2013
En la industria mundial de alimentos para consumo humano, y de cara a la probabilidad de enfrentar una crisis de inseguridad alimentaria a nivel global en la próxima década, la pesca, como proveedora de alimentos, tiene poca importancia e interés público.
En un mundo en donde se requiere producir 25 millones de t adicionales de pescados y mariscos a las que se producen actualmente, sólo para mantener el nivel de consumo per cápita de hoy en el año 2030 según estimaciones de la FAO, la Industria pesquera queda totalmente descartada como una posibilidad de contribuir a este aumento de la producción.
La única posibilidad de contribuir con un aumento significativo en millones de t anuales para satisfacer la demanda de pescados y mariscos en el mundo es la acuicultura. Lo dice la FAO, lo dicen las organizaciones mundiales que vigilan la producción y distribución de alimento en forma global, lo dicen analistas y expertos y, claro, con un poco de conocimiento, también lo dice el sentido común.
Mario Aguilar llega a la CONAPESCA (Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura de México) empujado por el sector mas influyente de la pesca en el país. Como consecuencia, deberá atender en primicia los asuntos relevantes a esta industria que enfrenta perpetuos problemas anacrónicos derivados de su propia condición de origen extractivo y no productivo.
Es muy probable que con muy buenas intenciones, pero por el poco conocimiento, el flamante titular de la CONAPESCA quede desbordado por las retos irresolubles de la industria pesquera y desperdicie su oportunidad histórica de llevar a la acuicultura de México a niveles de producción de millones de t, tal y como lo han hecho los países del sudeste asiático en la década pasada.
Los principales retos que enfrentará Mario Aguilar al frente de la cartera Pesquera y Acuícola de México los podemos resumir a continuación:
• Modernización de la producción camaronícola del noroeste de México.
Hace poco más de 20 años las exportaciones de camarón de México a los EE.UU. representaban más del 50% del total de camarón importado por ese país. Hoy la suma de las exportaciones de camarón de México hacia el mercado norteamericano apenas representa el 5%, sumadas pesca y acuicultura, contra el 85% de las importaciones provenientes de los países del sudeste asiático, todo de acuicultura. Y en realidad no es que haya disminuido la cantidad de camarón exportado por México, sino que el mercado creció exponencialmente y no lo supimos aprovechar.
• Impulsar el desarrollo de la producción de tilapia para sustituir importaciones y fomentar la exportación. México importa poco más de 30 mil t anuales de tilapia de China en diferentes presentaciones, y otras 40 mil t de filetes de “basa” de Vietnam, todo con un valor aproximado de
USD$270 millones. En pocas palabras, el consumo de estos pescados en México está fomentando empleos rurales y desarrollo en otros países mientras el campo mexicano queda desolado por la pobreza y migración.
Además, el mercado de filetes frescos de tilapia en los EE.UU., dominado por países centroamericanos y sudamericanos, representa una oportunidad invaluable para el desarrollo de este sector en México, mismo que hoy desaprovecha, aún teniendo una ventaja geográfica indiscutible.
Si tan sólo lograra estructurar el desarrollo sostenible y consistente de estos dos retos productivos, para provocar su desarrollo en un plan a diez años, tal y como lo han hecho otros países como Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia, India y China, Mario Aguilar, abogado de profesión y con cierta experiencia en litigios internacionales de la pesca y nula experiencia en la acuicultura, podría tener la oportunidad de pasar del anonimato a la altura de un político estadista de proporciones internacionales, y con un futuro por demás prometedor.
Si se queda empantanado con los problemas diarios de la pesca, sus perenes necesidades de subsidios, su escaso o nulo capital social en donde todos desconfían de todos y nadie respeta vedas, acuerdos ni cuotas, no estará entonces más que repitiendo la misma receta de los últimos 15 años que estancó la producción pesquera (a pesar de los subsidios) y acuícola del país a niveles dramáticos (y si no creen, revisen la producción contra las importaciones de pescados y mariscos en estos mismos 15 años), dejando sin futuro a otra generación más de jóvenes de comunidades rurales, que ante la falta de desarrollo y empleo, terminan migrando hacia los EE.UU. en busca de mejores oportunidades. Amén de mencionar toda la cadena productiva que se dejaría de generar por este despiste.
Mario, tienes la oportunidad de detonar para México una de las pocas actividades productivas rurales que quedan en el mundo para la producción masiva de alimentos. No hay espacio en esta columna para explicar todos los beneficios y ventajas que tiene la producción de proteína para consumo humano por medio de la acuicultura en comparación con las otras industrias pecuarias y por supuesto, con la pesca.
No es un invento propio, o una ocurrencia personal, es una tendencia mundial, es sólo cuestión de información, de asomarse a los foros mundiales de acuicultura y pesca, de participar en las reuniones internacionales sobre el tema que organiza la FAO, el Banco Mundial, la industria acuícola del salmón de Noruega y Chile, la industria acuícola del camarón del sudeste asiático, en las reuniones de la Global Aquaculture Alliance, en el International Boston Seafood Show, en la European Seafood Exhibition; en todos estos lugares, de lo que se habla, de lo que se escucha, de lo que se negocia, es de ACUICULTURA… la pesca quedó atrás, y México con ella.
08 de noviembre de 2012
Por Artemia Salinas:
Cuando le pregunté a un buen amigo “brasileiro”sobre los efectos de la creación del “Ministério da Pesca e Aquicultura (MPA)” en el sector pesquero y acuícola de Brasil, creado por “Lula” en el año 2009– esto con motivo de la propuesta de la creación de una Secretaría de Pesca y Acuicultura en México en el nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto–, me contestó lo siguiente (hago una transcripción de sus comentarios a continuación, bien vale la pena leerlos así):
Sería mucho más positivo si:
1. No tuviera como primera prioridad multiplicar la producción del país a cualquier costo, hasta por la manipulación de datos;
2. Politicamente tende a beneficiarlas especies nativas en 80% de las acciones, pesar de que el pais es 80% tilapia + vannamei;
3. No estuviera tan involucrado políticamente en apoyar el gobierno través de la pesca (curral electoral) dejando muchas veces de lado la acuicultura;
4. El presupuesto elevado no usado con inteligencia en investigaciones de importancia, pero en actividades que divulgan el gobierno /ministerio;
5. Facilitase mucho mas las licencias de otros ministerios, o sea, trabajar para el acuicultura/pescador;
6. No estuviera involucrado en polémicas de donación de maquinarias sin licitación o para corrales de electores;
7. No fose manipulado por asociaciones de clase poderosas como los pescadores que no quieren acuicultura.”
De acuerdo con los comentarios de mi amigo y de otras personas más a las que les he cuestionado sobre esta situación en Brasil, pareciera que hay un efecto positivo inmediato en los inversionistas privados con la creación de la Secretaría de Pesca y Acuicultura. Es decir, alver una decisión determinante del Gobierno Federal en la promoción de estas industrias, los inversionistas privados, la banca, los fondos de inversión, las aseguradoras y todos los demás sectores de la cadena de producción acuícola y pesquera se ven motivados por los flujos de dinero que esperan que destine la administración federal en el desarrollo y fomento de la industria. Se considera que se le dará prioridad al marco legal de las inversiones que se realicen y se propiciará la agilidad en trámites y permisos.
Sin embargo, como se ve en el caso brasileño, se corre el riesgo de que a la larga la vorágine burocrática termine por engullir a la nueva Secretaría y a la postre termine ésta en un pesado instrumento burocrático, consumidor de recursos en sueldos, prestaciones y viáticos, y con muy pocos resultados eficaces en el aumento de la producción, en la creación de empleos y en el incremento del consumo de pescados y mariscos por parte de la población.
El reto es, cómo mandar el mensaje positivo a los mercados de capital e inversionistas, para tener un efecto inmediato en el crecimiento en el sector, sin crear un monstruo burocrático que consuma todos los recursos disponibles en su propio modus vivendi.