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05 de enero de 2012
Los gobiernos en América Latina no han sido capaces de alcanzar la velocidad mundial del crecimiento acuícola en el resto del mundo.
América Latina sigue siendo un gran potencial mundial para la producción acuícola, pero no más que eso, “un gran potencial para la producción acuícola” sin registrar crecimientos significativos en la producción mundial de pescados y mariscos.
Los países del Sudeste Asiático individualmente tienen una producción promedio de entre uno y cinco millones de t de pescados y mariscos por año, sin mencionar a China que solo este país produce más de 30 millones de t por año. En América Latina, en cambio, los países producen en promedio solamente entre cinco mil y doscientas mil t, a excepción de Chile, Brasil y EE.UU. que están en el promedio de doscientas mil a un millón de t.
De acuerdo a un nuevo estudio del Banco Mundial, titulado “Fish 2030”, la producción mundial de pescados y mariscos para el año 2030 será de 180 millones de t, en donde la mayor parte vendrá de la producción acuícola. De acuerdo a este estudio, más del 20% de esta producción se realizará en los países del Sudeste Asiático, China, el Sur de Asia, América Latina, EE.UU. y Canadá. Y más del 50% estará constituido por tilapia, “pangasius”, salmón y camarón.
Los investigadores del Banco Mundial determinaron en este estudio que el consumo mundial de pescados y mariscos para el año 2030 se incrementará en más del 20%, pasando de 16 kg, que es la media mundial hoy a 20 kg, lo que significa por lo menos 28 millones de t adicionales que se requerirán producir de aquí al 2030.
Este crecimiento en la demanda mundial de pescados y mariscos representa una gran oportunidad para los países de América Latina, poco observada por sus gobiernos en turno. En una conferencia reciente presentada por el especialista Carlos Wurmann, consultor mundial en acuicultura y pesca, durante el 1er Foro Económico de Acuicultura y Pesca de México, comentó que el 80% de las especies producidas en América Latina no generan más de 10,000 t por año, mientras que el 53% de las especies producidas en el mundo sobrepasan la producción de 10,000 t anuales. “No hemos sido capaces en América Latina de alcanzar la velocidad de desarrollo de la acuicultura mundial [...] a las autoridades les ha quedado grande este reto”, puntualizó.
“La acuicultura en América Latina no ha sido una historia de éxito, la experiencia de poco tamaño no ha resultado exitosa”, comentó Wurmann en otra parte de su conferencia.
“¿Qué país latinoamericano tiene un desarrollo acuícola basado en un plan? Todos los países tienen planes, pero lo que pasa es que nunca se siguen, los planes se publican, se distribuyen pero no se siguen, yo me atrevo a decir que en la mayor parte de América Latina no hay un proceso de planeación serio, no hay una voluntad clara de conducir un proceso de desarrollo acuícola con una mirada hacia el futuro suficientemente amplia, y lo que tenemos hoy en día, son sistemas de gobernabilidad que tratan de manejar los problemas de coyuntura del día a día, y como comentaba con algunos amigos antes de la conferencia, yo pienso que en muchas partes de América Latina, las autoridades reguladoras y guías de la acuicultura no han sido capaces de llegar a tiempo y anticiparse al proceso del crecimiento de la misma y solo se han tratado de subir al carro de la acuicultura sin poder lograr alcanzar la velocidad requerida para su desarrollo. Por esa misma razón las autoridades, que deberían de ser una fuerza que muestre un camino que ayude a generar una búsqueda de soluciones para el futuro, se han ido colgando y subiendo a la fuerza a un proceso que les ha quedado grande porque no han sido capaces de responder a las oportunidades de desarrollo que representa este sector”, comentó.
“América Latina es una de las regiones que tienen mayores oportunidades para aumentar la producción acuícola mundial. Estas oportunidades son reales y visibles, y cuando se comparan con las otras alternativas que hay en el mundo, nos podemos dar cuenta que América Latina está llamada a jugar un papel preponderante en el futuro de la acuicultura mundial. No es posible que nuestro gobierno, nuestras autoridades y nuestros productores mismos basen su quehacer con una visión de corto plazo. El corto plazo es una cosa necesaria y todo mundo debe implementarlo, pero para implementar el corto plazo con algún tipo de racionalidad y poder proyectarse al futuro, hay que tener una mirada de largo plazo. La acuicultura en América Latina no tiene esa mirada de largo plazo y si la tiene no la sabe interpretar adecuadamente porque si no tendríamos otra realidad actual”, finalizó Wurmann durante su conferencia; la ecuanimidad y claridad de sus palabras no requieren de ningún comentario adicional.
01 de noviembre de 2011
A un año de que termine la actual Administración Pública Federal su periodo de gestión con el cambio de Gobierno que se dará a finales del año 2012 en México, el mandato que por ley se le estableció a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, para ejercer a través de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca, en la muy famosa, cantada y aplaudida “Nueva Ley General de Acuacultura y Pesca Sustentables”, publicada en el Diario Oficial de la Nación el 27 de Julio de 2007, sobre la constitución del “Fondo Mexicano para el Desarrollo Pesquero y Acuícola PROMAR”, ha quedado prácticamenteen el olvido.
Según esta ley, la constitución de este Fondo PROMAR, sería el instrumento mediante el cual se contempla la creación y operación de esquemas de financiamiento para la conservación, incremento y aprovechamiento sustentable de los recursos pesqueros y acuícolas, la investigación, el desarrollo y transferencia de tecnología, facilitando el acceso a los servicios financieros en el mercado, impulsando proyectos que contribuyan a la integración y competitividad de la cadena productiva, así como para garantizar a las instituciones financieras de banca de desarrollo, Financiera Rural o a los Intermediarios Financieros Rurales que operen con el Fondo, la recuperación de los créditos que se otorguen a las organizaciones de productores pesqueros y acuícolas.
En pocas y resumidas palabras, sin el Fondo PROMAR, esta ley es pura y franca demagogia. Es un conjunto de buenas intenciones, planes y proyectos que prometen el desarrollo acuícola y pesquero, pero sin dinero para hacerlo. Más valdría no haber hecho la ley y haber creado el Fondo. Esto sí hubiera causado un impacto significativo en un sector que carece de este tipo de instrumentos financieros que contribuyan a soportar su crecimiento. Es aquí en donde le falta eficacia a la gestión pública, en hechos concretos con grandes impactos.
Cuatro años después de la publicaciónde la “Nueva Ley”, y el Fondo PROMAR o aún no existe, o si existe no opera, que al final, para fines prácticos es lo mismo. Y además no hay ninguna información pública que oriente al productor sobre su constitución, en qué proceso se está, o por lo menos saber si es que se está trabajando en esto. Pero, ¿cuatro años para constituir un Fondo de este tipo, establecida su constitución en una Ley promulgada por la Cámara de Diputados y decretada por el mismísimo Presidente de la República? Debe haber mucho trabajo en estas dependencias federales,que no les ha permitido dedicarle un poco de su valioso tiempo a atender este asunto, por demás irrelevante, parece ser, en comparación a sus tareas cotidianas.
Puede que no lo sepan, pero si terminan su gestión pública al final del año 2012 con el real establecimiento operativo del Fondo PROMAR, dotado claramente de instrumentos financieros con recursos suficientes para que le dé dinamismo y potencialice todas las acciones a que hace referencia la “Nueva Ley” para este Fondo, esta acción será quizá históricamente la gestión más importante que hayan realizado en todos los años anteriores, y de la que se tengan mejores remembranzas de su paso por la gestión pública del sector.
Aún queda la oportunidad de comprender que, más allá de leyes y reglamentaciones, que son fundamentales para el crecimiento, el sector pesquero y acuícola de lo que precisa urgentemente es de instrumentos financieros accesibles a su condición de pequeños productores rurales de materias primas y de alto riesgo, pero con una gran expectativade crecimiento, sobre todo en el área acuícola dentro del sector. El Fondo PROMAR es la respuesta del Gobierno Mexicano a esta necesidad de los productores acuícolas y pesqueros, y ustedes como funcionarios públicos tienen el deber de ponerlo en marcha. La cuenta regresiva ya empezó...el tiempo lo tienen contado.
30 de agosto de 2011
Por Artemia Salinas
“Nosotros combatimos contra enemigos terribles, como Hitler y Mussolini, pero la gran ventaja de entonces es que ellos tenían rostro. Los jóvenes de ahora pelean contra enemigos enormes a los que hay que ponerles una cara: el desempleo o la exclusión social”. Stéphane Hessel.
El desempleo juvenil en el mundo está al borde de la desesperación, en donde millones de personas que apenas comienzan su vida laboral, no encuentran un espacio adecuado para desarrollarla, y cada día le reclaman más enfáticamente a sus sociedades por un espacio para crecer, tener una familia, un techo propio, un automóvil y un empleo decentemente pagado.
Llamados “ninis” (ni estudian, ni trabajan) o ahora de forma más reciente, “Los Indignados”, son una masa juvenil de “desposeídos” que protagonizan las revueltas en los países árabes, en Europa del este, en Inglaterra, en España, en Canadá, en Grecia y pronto lo harán en cualquier lugar del mundo.
En medio de este ambiente, la generación de oportunidades laborales se presenta como uno de los retos más desafiantes de nuestra época, en la cual hay que desarrollar millones de empleos al año para absorber a todos estos jóvenes, educados, tecnológicamente sofisticados y descontentos.
Según cifras oficiales, la tasa de desempleo juvenil en México es del 11% (parte de este bajo porcentaje se debe a la migración a los EE.UU. y a las actividades ilegales), la de EE.UU. es del 18%, la de Egipto del 29.3%, la de Grecia del 34% y la de España del 43%. Según estudios especializados, América Latina, en el mejor de los casos, solo está en posibilidades de generar la mitad de los empleos anuales que se requieren para sus pobladores que cumplen 18 años cada año.
En México, por ejemplo, se requiere 1’200,000 empleos nuevos por año para absorber a toda la fuerza laboral que se incorpora a la vida productiva. Hasta el día de hoy, no hay forma de lograrlo. Debido a la situación macroeconómica actual, las empresas no tienen mucho margen para abrir nuevas plazas laborales, y por otro lado, la clase gobernante no está interesada en estos jóvenes porque para fines prácticos, no representan votos. La tasa de abstención de los menores de 25 años supera el 66% en todos los países, incluyendo México. Entonces ¿quién se va a ocupar del problema antes de que se convierta en un estallido social incontrolable?
Lo que debemos cuestionarnos todos es ¿cómo identificar actividades que puedan generar polos de desarrollo que demanden millones de empleos en los próximos años?
Tradicionalmente, en este sentido siempre hemos pensado en la industria de la tecnología (computadoras, programas, servicios de comunicación, teléfonos, etc.), o en la industria maquiladora, y recientemente en las empresas de servicios de comunicación o “call centers”, como se les llama en inglés.
Pero esto ya lo tenemos y no hemos podido aumentar de manera significativa los empleos necesarios, además de que competimos a nivel mundial por las empresas que los generan.
La Industria Acuícola, por el contrario, bajo un plan bien estructurado a base de políticas públicas orientadas al desarrollo en Vietnam, propició la creación de 2 millones de empleos rurales de los años 2004 a 2010, en uno de los índices de crecimiento de la producción acuícola más significativos de los últimos años en el mundo, lo que significó la generación de 300,000 empleos directos anuales durante seis años consecutivos.
Y no solo eso, Vietnam ahora tiene un plan para el año 2020 en donde espera crear 5 millones de empleos directos desde 2011 hasta llegar a ese año, con un promedio de remuneración individual que triplique el nivel de salario actual, a través de la capacitación del 40% de la población pesquera y acuícola del país. Esto significa la creación de 500,000 empleos rurales directos por año para los próximos diez años. Ah, y pagados al triple de lo que se les paga hoy, a través de la capacitación de pescadores y acuicultores.
¿Qué no había ni idea de cómo lograr generar 1’200,000 empleos por año en México? Bueno, pues la acuicultura está esperando tener la atención adecuada de los políticos y funcionarios públicos para generar una buena parte de los empleos que andan buscando en otras industrias saturadas, en donde las condiciones ambientales y los recursos naturales del país no son significativos y no tenemos ventajas.