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06 de enero de 2012

El presente reportaje muestra algunas de las razones que, en la opinión del entrevistado, Itamar de Paiva Rocha, presidente de la Asociación Brasileña de Criadores de Camarón (ABCC), llevaron a la industria acuícola brasileña al “enorme atraso en que se encuentra actualmente”.
Por Arthur Rodrigo Ribeio y Mariana Cavalcanti
A la vez que muchos stocks naturales de peces y mariscos ya se encuentran en su límite máximo de explotación, la producción acuícola a nivel global, así como en el caso brasileño en particular, se ha incrementado en los últimos años. Actualmente, es el sector de producción de alimentos de mayor crecimiento alrededor del mundo, promovido principalmente por una creciente demanda en el consumo de carnes blancas.
Tradicionalmente, Brasil se centra en la producción de carne de res, cerdo y aves, debido a las condiciones climáticas del país, las características de la tierra, la tecnología y la gestión empresarial, y por mucho tiempo el pescado fue ignorado. Con el 13% del agua dulce disponible en el planeta, un área costera de casi 8,000 km y una Zona Económica Exclusiva de 4.4 millones de km2, lo que representa casi la mitad del territorio nacional, Brasil tiene un potencial extraordinario para la explotación acuícola. Con el aprovechamiento de solo una fracción de su agua embalsada, se puede producir pescado, crustáceos, moluscos y algas de manera sostenible, suficientes para cubrir el total de la demanda mundial de estos productos. Sin embargo, a pesar de este enorme potencial, el país está lejos de destacar en la producción acuícola.
De acuerdo con un importante líder del sector, Itamar de Paiva Rocha, actual presidente de la ABCC, uno de los principales obstáculos a este desarrollo es la falta de voluntad política.
En 2010, el consumo medio de pescado per cápita de Brasil fue de apenas 8.15 kg/año, comparado con los 12 kg/año que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), y los 17 kg/año que son la media mundial, sin hablar de que el consumo de carnes rojas fue de 53.15 kg/año, y el de pollo fue de 44.5 kg/año en el mismo periodo.
Hace años, Rocha trabajó en el Proyecto de Pesca y Acuicultura en Aguas Salobres del Noreste, con base en la región de Itamaracá. Comenta que en esa época, una empresa noruega, con tecnología de punta, realizó un estudio en la región de la Costa Noreste, constatando la calidad de los peces nacionales, considerándolos como especies nobles, pero no los producen en la cantidad suficiente para sustentar una industria pesquera.
“El país, especialmente la región Noreste, nunca se destacó como una región naturalmente rica en peces, en especial por la falta de aportes nutrimentales de manera regular. Sin embargo, presenta condiciones excepcionales, tanto climáticas como infraestructurales, favorables para la explotación acuícola, en todas sus macro-regiones; sin duda alguna, no existe ningún otro país en el mundo tan favorecido por la naturaleza ni con un potencial tan enorme como Brasil. Lo que falta, por lo tanto, es voluntad política”, comenta.
Los pecados políticos
De acuerdo con Rocha, las cuestiones de gran importancia para el sector no habrían sido establecidas si no se hubiera intervenido de manera decisiva.
La creación de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria en Acuicultura (EMBRAPA) y de las Secretarías Estatales de Pesca, por ejemplo, no estaban en el proyecto original que creó el Ministerio de Pesca y Acuicultura (MPA), enviado por parte del gobierno al Congreso Nacional.
En 2008, Rocha se reunió con el actual ministro en jefe de la Secretaría General de la Presidencia de la República, Gilberto Carvalho, en esa época secretario particular de la presidencia. “Él afirmó con base en la información obtenida por la Secretaría Especial de Acuicultura y Pesca (SEAP) que el presidente Lula estaba convencido de que no se necesitaba crear el MPA, pues ya existía la misma SEAP, que atendía muy bien al sector”, comenta. El ministro fue cuestionado por Rocha sobre si sabía que en 2007, Vietnam, con 80 mil km2 de área disponible para acuicultura, produjo 1’957,000 t de productos acuícolas, comparado con Brasil, que dispone de casi 2 millones de ha de áreas acuícolas y 8,233 km3 de recursos hídricos renovables, produjo apenas 416,000 t de productos acuícolas.
También se le informó que Brasil siempre se ha destacado como el mayor importador de pescado de América Latina, teniendo una participación de apenas 0.32%, de la producción mundial de este sector. Como consecuencia de esta reunión, el 29 de julio de ese año, el Presidente Lula envió una Medida Provisional al Congreso Nacional, creando así el MPA, que encontró gran resistencia del Congreso y terminó siendo sustituido por un Proyecto de Ley con carácter de urgencia.
Otros problemas
Con ocasión de otra audiencia con el ministro Carvalho, fue presentada una vez más una posición contraria a las instrucciones dictadas por la SEAP sobre temas de Acuicultura y Pesca Nacional. “Incluso se me indicó de manera bastante enfática, que no interesaba al sector ser incorporado al Ministerio del Medio Ambiente, como se mencionaba en el Proyecto de Ley que creaba el MPA, enviado al Congreso Nacional”, recuerda Rocha. En una audiencia realizada por la Comisión Especial creada por la Cámara de Diputados para analizar la propuesta del Gobierno, Rocha, quien fungió como comisionado de Agricultura de la Cámara de Diputados a nombre de la ABCC, dijo claramente que no interesaba al sector pesquero salir del control de la presidencia de la República para pasar a ser controlado por el Ministerio del Medio Ambiente, como había sido propuesto y defendido por las autoridades creadoras del Proyecto de Ley, encabezadas por el diputado José Airton Cirilo, del Partido del Trabajo.
Los resultados de lo anterior se vieron por primera vez con la aprobación del texto negociado con el gobierno y más tarde con su confirmación por parte del Senado Federal, cuando la Presidencia sancionó el Proyecto de Ley, creando el MPA, junto con la Ley de Acuicultura y Pesca, otro importante instrumento de política pública que el Congreso Nacional llevaba arrastrando desde 1992. Sin embargo, según Rocha, el principal obstáculo para el aumento de la producción de pescado en Brasil son las dificultades impuestas por los Órganos Ambientales Estatales para la concesión de licencias ambientales. Además, para él, “por pura desobediencia cívica o incompetencia, los estados omiten ejercer su papel constitucional de promotores del desarrollo acuícola nacional, impidiendo el progreso de un sector estratégico para el fortalecimiento de la socio-economía rural de regiones muy importantes en el país”.
Pendientes para lograr mayor desarrollo
Para Rocha, el país no necesita más leyes, sino cumplir con las que ya existen y priorizar una política para el desarrollo del sector. “En el noreste, por ejemplo, contamos con productores de camarón que no poseen licencia, especialmente los micro y pequeños productores”, comenta. Los bancos, como el Banco del Noreste, tienen una línea verde especial para la promoción de la acuicultura, misma que no puede ser utilizada debido a la falta de licencias. El pequeño productor no está haciendo nada para revertir esta situación, pues no desea llenar los formularios correspondientes ni entregar informes periódicos de su desempeño.
“El papel del gobierno sería el de crear oportunidades, dar licencias y financiar actividades acuícolas; en ninguna otra parte del mundo hay restricciones o requisitos de licencia para la actividad acuícola”, comenta Rocha. “En Asia, por ejemplo, los cerca de 3 millones de acuicultores no requieren de una licencia ambiental. Ese continente ya es responsable de cerca del 90% de la producción acuícola mundial, en tanto que Brasil, con su inmenso potencial, se mantiene al margen de ese importante proceso. Somos guardianes de lo más sagrado para la acuicultura, que es el clima, tierra abundante, especies deseables e infraestructura básica. Los asiáticos deben envidiar nuestra posición, pues nuestro país podría producir mucho, pero tanto la indiferencia de la sociedad como la miopía e incompetencia de los gobiernos, están estancando el crecimiento de ese sector estratégico y, como consecuencia, contribuyen al aumento del éxodo rural”, asevera.
“Enseñe a un hombre a pescar y tendrá pescado por un día, pero enséñelo a criarlo y tendrá pescado para el resto de su vida”. Bajo esta óptica, la acuicultura nacional no tiene en su cultura la práctica de ofrecer empleos. “Brasil necesita ofrecer oportunidades de negocios para que el éxodo rural se detenga. Mi propuesta para el gobierno es que se entregue una ha de camarón o pez para cada familia de pescadores artesanales, con la finalidad de que produzcan y se mantengan en el campo. Pero hasta el día de hoy, no hemos tenido éxito”, comenta Rocha. Para dar a entender el alcance de esta propuesta, señala que solo el estado de Maranhao posee 750 mil ha de áreas apropiadas para la camaronicultura, mientras que Bahía posee 100 mil ha, pero ninguna ha liberado licencias ambientales siquiera para una ha. Mientras tanto, Ecuador, con una costa igual a la del estado de Ceará, explota 180 mil ha, y Vietnam, cuya área total es de apenas 320 mil km2, explota 850 mil ha para la camaronicultura.
En una tentativa de contribuir al fortalecimiento de la pesca artesanal, Rocha propuso que todo el apoyo gubernamental al sector camarónicola fuese destinado a un programa de camaronicultura familiar, pero el MPA afirmó que no había interés por parte de los pescadores artesanales en la crianza de camarón o pescado, pues preferían continuar con la pesca tradicional. “Tras eso, me alejé del Consejo Nacional de Acuicultura y Pesca (CONAPE) por un año, pero volví en enero, y he estado trabajando desde entonces”, comenta.
Comparativa de Brasil con el resto del mundo
En 1979, durante una visita que Itamar Rocha hizo a Israel, ya se hablaba del potencial brasileño y todos se mostraban interesados en conocer el país. “Han pasado 32 años y nada ha cambiado. En otros países, la cadena productiva de la pesca y la acuicultura evolucionó. En 1997, Vietnam producía 20 mil t de pescado, que distribuía en 5 países. En 2010, esa producción sobrepasó los 1.5 millones de t, con exportaciones de 648 mil t de filete a 130 países. Producen un pez tipo bagre muy débil, comparado con sus similares brasileños. Imaginen poder colocar en el mercado los peces “nobles” que Brasil posee, sería una revolución en el mercado mundial del pescado”, confiesa.
Conclusión
El sector acuícola brasileño necesita ser mejor explotado, pues podría generar empleos e ingresos, especialmente para la abundante oferta de mano de obra no calificada, además de explotar las condiciones climáticas naturales de Brasil sin agredir al medio ambiente, y sin lugar a dudas, contribuyendo a la inclusión social. “Siempre he creído en el desarrollo de la producción acuícola en Brasil, porque no veo otro camino para el aumento en la producción de pescado para abastecer la creciente demanda nacional y mundial. El mundo necesita pescado y dentro de algunos años, China y la India estarán comprando pescado de todos los países que muestran potencial para la producción acuícola”, concluye.