Panorama Acuicola 

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Artículos y entrevistas de octubre 2007

Muy estimada Artemia Salinas:

30 de octubre de 2007

Sí, tengo en mi cajón desde hace años un plan maestro para el desarrollo de la acuicultura en México, al menos para los estados del Golfo. Un plan de cinco años que se puede implementar, tras un periodo de investigación, verificación y formulación de seis meses. Un plan de desarrollo que tiene como base lo que existe de verdad (sin tomar en cuenta los sueños de algunos y los engaños de los otros).

Considero que si no existe un principio de ejecución no es precisamente porque nosotros, los productores, estamos metidos 24 horas al día en nuestros estanques o jaulas como usted lo dice, sino por las siguientes razones:
 
Primero, porque los políticos (gobernadores, diputados, diputadas y las legiones de directores y consejeros) son incapaces de concebir o de interesarse en un desarrollo más allá del corto plazo de sus mandatos o administraciones. Sus horizontes se limitan al beneficio político inmediato o peor, al beneficio personal que pueden sacar de sus breves apuntamientos.
 
Segundo, los funcionarios encargados de un plan o de pensar en términos de desarrollo son exactamente como usted dice que son. Por lo tanto, tienen un miedo espantoso que algún profesional —de los que viven haciendo y no hablando ponga en evidencia sus incompetencias, falta de experiencia, ineptitud, ignorancia del tema o corruptelas –seleccionar a un “cuate” para un puesto de responsabilidad cuando la única cualidad es que “es cuate”, también es corrupción—. Como usted lo apunta hay muchos sueldos, viáticos, autos, celulares y premios en juego. Por eso, es obvio que no abren ningún espacio al sector profesional o a un acuicultor con experiencia probada. Tienen miedo de afrontar a productores que podrían desnudarlos y apuntar sus incoherencias, estupideces o aún peor, pedir cuentas de los enormes presupuestos acuícolas que están manejando sin que nadie intervenga.
 
Desde hace décadas, los programas de acuicultura en México enriquecen a los administradores públicos de la acuicultura, algunos con fortunas considerables, pero ningún productor corre con la misma suerte. No es porque estos últimos no trabajen o no quieran, sino porque fueron orientados por funcionarios hacia calles sin salida —tilapia, peces locales sin tener la tecnología de la reproducción, peces de ornato y unos exotismos mas—.
 
En estos contextos humanos es sumamente difícil que un plan rector, una idea nueva, el nacimiento de una industria tenga la mínima oportunidad de ejecución.
 
Vos felicita y agradezco su claro y pertinente análisis. Hablar con la verdad es el primer requisito para implementar un plan director exitoso.
 
Jean Pierre Goffings
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